The Objective
El podcast de El Liberal

José Luis Moreno: «Europa es un jardín botánico rodeado por un parque jurásico»

«La UE se ha convertido en un retiro dorado y un lugar magnífico para vivir, pero debería serlo también para emprender»

Licenciado en Económicas por la Pontificia de Comillas, José Luis Moreno Casas (Madrid, 1967) ha sido director general de Política Financiera de la Comunidad de Madrid y concejal del Ayuntamiento de Madrid y, desde 2025, lleva la dirección de Economía de Pozuelo. Pero más que en esta faceta pública, es profesor en la Francisco de Vitoria e imparte sesiones de geoeconomía estratégica para directivos en ESIC e, inspirado en esta experiencia, ha publicado Geoeconomía estratégica.

¿Y qué es eso de la geoeconomía?

La geopolítica nace en el siglo XIX y vincula el poder con la ocupación del territorio. Todos hemos oído cómo la Alemania nazi justificó la anexión de Austria y la invasión de Polonia por la necesidad de espacio vital, porque quien controla el centro de Europa, controla Europa; y quien controla Europa, controla el mundo.

La geoeconomía es un concepto posterior. Nace durante la Guerra Fría y analiza cómo la geografía y los recursos condicionan la economía y, a través de ella, la política y la historia. Una muestra de palpitante actualidad es el estrecho de Ormuz, vía de salida de buena parte del petróleo de Oriente Próximo.

Geoeconomía estratégica detalla el entramado de factores físicos, energéticos, comerciales y financieros de los que depende el dominio o la sumisión. Porque el armamento y la población han sido a lo largo de la historia las principales palancas del poder, pero Suiza, Luxemburgo o Singapur son hoy actores internacionales de primer orden y carecen, sin embargo, de ejércitos numerosos. Ese carácter estratégico de la geoeconomía es el que José Luis nos invita a explorar.

España, por ejemplo, aprovechó su situación de encrucijada de continentes, a caballo entre Europa y África, entre el Viejo y el Nuevo Mundo, para proyectar su poder con gran éxito a comienzos de la Edad Moderna. Luego perdimos Gibraltar, nos hundieron la flota, las colonias se independizaron y no hemos vuelto a levantar cabeza, pero ese capital geoeconómico no ha desaparecido. De hecho, explica por qué somos una potencia turística, pero debería además servir para erigirnos en un hub energético, logístico y de datos, y no será por dinero. La Unión Europea nos lo ha dado y por ahí empieza esta conversación, que puede contemplarse en su totalidad en la web de THE OBJECTIVE y de la que sigue una versión editada y extractada.

«España está utilizando los fondos europeos para facilitar la implantación de fabricantes chinos de coches, poniendo en riesgo nuestra propia industria»

PREGUNTA.- ¿Está España sacando todo el partido a los fondos Next Generation?

RESPUESTA.- En absoluto. Se han gestionado sin contar con la oposición, sin transparencia y sin orientarse hacia los sectores donde España podía reforzar su potencia geoeconómica, como el turismo o los semiconductores. Las ayudas se han canalizado a través del sector público empresarial, sin un control claro, y ese modelo está ocasionando muchos dolores de cabeza. Criticamos a menudo a los italianos, pero en este terreno lo han hecho de forma más transparente y eficaz.

P.- ¿Cuáles son esos dolores de cabeza?

R.- Estamos utilizando el dinero para facilitar la implantación de fabricantes chinos de coches eléctricos [como Ebro, una firma participada por la asiática Chery a la que el Gobierno ha entregado 25,2 millones], poniendo en riesgo nuestra propia industria del automóvil, que es la segunda de Europa. Por no hablar del caso de Plus Ultra, una aerolínea irrelevante cuyo rescate ha empañado el buen nombre de unos funcionarios que, en la mayoría de los casos, han tenido un comportamiento correcto.

«La globalización ha sido un éxito para España, pero no podemos comerciar con países dopados, como China, que no respetan estándares laborales o ambientales comparables»

P.- Si el Gobierno español te pidiera consejo como geoeconomista, ¿qué le dirías? ¿Debemos seguir siendo una pequeña economía abierta o mejor empezamos a enrocarnos?

R.- La globalización ha supuesto un enorme éxito para España, pero no podemos seguir comerciando con países dopados, como China, que exportan sus excedentes a precios bajos porque no respetan estándares laborales o ambientales comparables.

P.- Y más en positivo, ¿qué tendríamos que hacer?

R.- Nuestra ubicación ofrece una serie de ventajas de las que sacamos buen partido en el pasado y que habría que seguir explotando. Somos un nodo clave para las comunicaciones, el área geográfica que más cables submarinos recibe. Lo lógico sería apostar, en lo civil, por centros de datos y, en lo militar, por un aprovechamiento inteligente de nuestras bases de Rota y Morón, esenciales para la defensa de Europa. No permitir que Estados Unidos las use para abastecerse en su campaña contra Irán ha sido una irresponsabilidad.

«La península ibérica es un nodo clave para las comunicaciones, el área geográfica que más cables submarinos recibe. Lo lógico sería apostar por los centros de datos»

P.- En tu libro recopilas muchos más errores del actual Gobierno.

R.- Uno gravísimo ha sido la ruptura por motivos puramente ideológicos con Israel, de cuya tecnología en seguridad y defensa hemos aprendido tanto. Igualmente desafortunada ha sido la contratación de servidores de Huawei para actividades sensibles, como el almacenamiento de escuchas a narcotraficantes y terroristas, una decisión que ha dado lugar a una carta del Congreso y el Senado estadounidenses [en la que piden que se limite el intercambio de información con España, porque podría interceptarlo Pekín]. Algo parecido pasa con los contratos de vehículos todoterreno y furgones logísticos que nuestro Gobierno ha adjudicado a fabricantes chinos y cuya trazabilidad facilita el espionaje por parte de un país potencialmente hostil a nuestros aliados en la OTAN. Finalmente, las herramientas más eficaces del dispositivo antiincendios de España eran los helicópteros rusos Kamov, que la UE ha prohibido volar porque Moscú los está empleando en la guerra de Ucrania.

P.- Te quejas de que no estamos aprovechando nuestras reservas de materias primas y energía.

R.- No explotamos como debiéramos recursos como el litio o el uranio, y estamos renunciando a nuestra capacidad nuclear, pese a que tenemos un parque razonable, que ha aportado a la red eléctrica estabilidad y un 20% del suministro a precios competitivos. Este sectarismo ideológico nos ha dejado expuestos a crisis como el apagón de hace un año.

«Estamos renunciando a nuestra capacidad nuclear y este sectarismo ideológico nos ha dejado expuestos a crisis como el apagón de hace un año»

P.- Pero, aparte del cierre nuclear, ¿no ha hecho bien las cosas España en materia de energía? Contamos con una gran potencia en renovables y hemos diversificado el suministro de gas. Tras la invasión de Ucrania, sufrimos menos que el resto de la UE.

R.- Sin duda, pero seguimos teniendo una red vieja y saturada, incapaz de atender a los nuevos consumos, como centros de datos y coches eléctricos. [BBVA Research ha denunciado los «cuellos de botella» que obligan a tirar parte de la energía generada y el retraso de proyectos estratégicos por falta de conexiones]. Los planes de refuerzo pueden tardar años, incluso décadas, por trámites burocráticos, alegaciones, autorizaciones…

Las eléctricas también han denunciado que el nuevo marco de retribución ofrece una rentabilidad insuficiente que les impide captar inversores. Finalmente, el Gobierno ha condicionado el acceso a la red de los centros de datos a compromisos ambientales muy estrictos, como el aprovechamiento de su calor residual para viviendas y centros comerciales. Pero, claro, los promotores de esos centros buscan suelo barato y suelen localizar sus instalaciones lejos de zonas residenciales, es decir, donde hay espacio no hay gente, y donde hay gente no hay espacio. El resultado es que los pocos nodos operativos deben optar entre uso doméstico o uso industrial, un dilema que demora la decisión y aumenta el riesgo de que los proyectos acaben quedándoselos otros países.

P.- El cierre de Ormuz tampoco parece habernos perjudicado mucho.

R.- Nuestra dependencia de los hidrocarburos del golfo Pérsico era menor, pero no caigamos en la autocomplacencia, porque en un pueblo donde hay tres panaderías, si cierras una, todos los clientes se van a las otras dos. Lo mismo ha pasado ahora. Cuando Ormuz se bloquea, Japón, Corea del Sur e Indonesia deben buscar el petróleo en otros mercados y el barril se dispara a los 120 dólares, lo que nos afecta de lleno. Por eso es clave reducir vulnerabilidades externas, tanto en energía como en defensa: no olvidemos que los misiles balísticos iraníes tienen autonomía suficiente para alcanzar Barcelona o Baleares.

«La red eléctrica está vieja y saturada, y los planes de refuerzo pueden tardar años, incluso décadas, por trámites burocráticos, alegaciones, autorizaciones…»

P.- Pedro Sánchez ha cultivado un montón de amistades peligrosas: China, Venezuela, Marruecos…

R.- El giro diplomático de España comenzó con [José Luis Rodríguez] Zapatero, que rompió con décadas de consenso en política exterior. Desde aquella escalada de la tensión con Estados Unidos [que comenzó con el gesto de no levantarse al paso de la bandera americana en octubre de 2003], hemos venido eligiendo muy mal a nuestros enemigos, y con muy poco sentido de la oportunidad. El enfrentamiento con el presidente [Javier] Milei llega justo cuando está logrando la recuperación de una Argentina en ruinas; deberíamos estar aprendiendo de sus reformas, no atacándolo. Lo mismo ocurre con Israel: interrumpir las relaciones institucionales, comerciales y militares justo cuando se avanzaba hacia la paz en Gaza evidencia un uso puramente político de la diplomacia y contrario a los intereses generales.

P.- Esas serían en todo caso las enemistades peligrosas. Háblame de las amistades, como China.

R.- Hemos permitido la entrada de sus firmas en telecomunicaciones [Huawei], en construcción [China Railway Construction Corporation, China Road and Bridge Corporation, China Energy Engineering Group, China Communications Construction Company], en energía [China Energy Engineering Group, China Three Gorges, Envision Energy], en automóviles [SAIC, BYD, Chery, Geely]… Todo esto es muy inquietante, especialmente cuando uno lo analiza a la luz de la historia, porque, desde tiempos de Confucio, los chinos se consideran a sí mismos el reino del centro, la única civilización legítima. Puedes ser su proveedor, su cliente o su vasallo, pero nunca un socio en pie de igualdad. Abrirles las puertas de par en par, sin apenas contraprestaciones, te genera dependencia y vulnerabilidad. Donald Trump entendió muy bien desde su primer mandato que el antagonismo era inevitable, y pensar que en Europa pueden convivir una inteligencia artificial china y estadounidense es de una enorme bisoñez. Tarde o temprano habrá que elegir bando, y yo desde luego me quedo con Occidente y el eje atlántico.

«El nuevo marco de retribución de la red ofrece una rentabilidad insuficiente, lo que impide a las eléctricas captar inversores»

P.- Si comerciamos menos con China, ¿con quién habría que hacerlo más?

R.- Con India, claramente. Es un país joven, mucho más democrático que China, con una clase media de 400 millones de personas y mucho apetito por bienes de consumo en los que Europa es fuerte [automoción, maquinaria, farmacia, bienes de equipo, alimentación de calidad, vino, etcétera]. Tiene todo el sentido que la UE haya firmado un acuerdo de libre comercio con ella.

José Luis Moreno. Kevin Borja

P.- Durante un breve lapso me dediqué a hacer información internacional y mis fuentes insistían en que el único actor con capacidad y motivación para atacar España era Marruecos.

R.- La relación con Marruecos es complicada, pero es un aliado de Europa y de Estados Unidos. Tras los Acuerdos de Abraham [por los que en 2020 reconoció, junto con Emiratos, Bahréin y Sudán, al Estado de Israel], Rabat colabora también estrechamente con Tel Aviv: la modernización de su Ejército se apoya en parte en tecnología hebrea. Y por lo que a España se refiere, sus servicios de inteligencia cooperan con los nuestros, es verdad que con altibajos, pero yo sacaría a Marruecos del grupo de las amistades peligrosas.

«Desde los días de José Luis Rodríguez Zapatero, hemos venido eligiendo muy mal a nuestros amigos y a nuestros enemigos»

P.- ¿No existe riesgo real de conflicto? [La Estrategia de Seguridad Nacional plantea la necesidad de «un plan integral de seguridad para Ceuta y Melilla»].

R.- Los últimos pedidos de fragatas de Marruecos se han construido en astilleros españoles. Formamos parte del mismo ecosistema industrial y de seguridad… Puede que haya un cierto deterioro, pero no con Marruecos en concreto, sino con todo el bloque tradicional de aliados, como consecuencia de las tensiones entre Washington y Madrid. Son desavenencias que no afectan, de todos modos, a los mandos militares. Se concentran en la cúpula civil y, en cuanto se produzca el relevo en la Moncloa, recuperaremos unas relaciones excelentes con Estados Unidos, como no podía ser de otro modo. Para el Pentágono, las bases españolas son un destino muy deseado y pensar que pueda trasladarlas a Marruecos me parece, hoy por hoy, altamente improbable.

P.- Trump no está contento con nosotros.

R.- Y razón no le falta. Los españoles, en particular, y los europeos, en general, llevamos décadas aprovechándonos del paraguas de Estados Unidos y descuidando nuestro gasto en defensa. Esos dividendos de la paz, junto con el gas de Rusia y los artículos baratos de China, son las razones que explican los elevados niveles de bienestar de nuestro continente. Lamentablemente, se han acabado. Las tres. Hemos entrado en un escenario nuevo en el que la conexión entre los ejércitos español y estadounidense resulta indispensable. Por fortuna, la compatibilidad es absoluta. Cuando la Armada americana pide a Europa barcos para acompañar a sus flotas, los nuestros son los preferidos.

«Del argentino Javier Milei deberíamos estar aprendiendo, no atacándolo. E interrumpir las relaciones con Israel tampoco ha sido muy afortunado»

P.- A propósito de flotas, la guerra de Ucrania ha demostrado que una fragata o un carro de combate no tienen nada que hacer contra un enjambre de drones.

R.- Lo que la televisión nos muestra no es toda la guerra. Es verdad que Ucrania está manteniendo a raya a las divisiones rusas de blindados con sus aviones no tripulados, pero eso sería imposible si detrás no estuviera Estados Unidos aportando inteligencia y conectividad y si Europa no hubiera movilizado del orden de 200.000 millones de euros en ayuda militar. Sin ese respaldo, Ucrania habría caído rápidamente. Para que los drones de Kiev puedan atacar, hay que mantener el cielo despejado de cazas y helicópteros rusos, y eso requiere una enorme labor de inteligencia electrónica que no sale en los telediarios.

P.- Vladimir Putin no parece que pueda ganar la guerra, pero tampoco va a perderla.

R.- Hay que darle una salida. La zona del Donbás debería desmilitarizarse y tener un estatuto parecido al paralelo 38 que divide a las dos Coreas. Y no creo que ni aun así vaya a ser una paz duradera, será un armisticio. Ya hemos visto lo que le duró a Putin el Protocolo de Minsk [firmado en 2014 para detener los combates en esa misma región del Donbás]. Con Rusia no hay acuerdos que valgan.

Dicho esto, yo creo que Ucrania tiene que entrar en la Unión Europea, pero no en la OTAN. Y pienso también que esa es la visión de Estados Unidos, aunque convencer a los ucranianos para que renuncien a un territorio que antes de la invasión aportaba el 20% de su PIB no es sencillo.

«Hemos permitido la entrada de firmas chinas en telecomunicaciones, construcción, energía, automóviles… Todo eso genera dependencia y vulnerabilidad»

P.- En Geoeconomía estratégica hablas de que no vivimos una «era de cambio», sino un «cambio de era». ¿Qué quieres decir exactamente?

R.- Que no vamos a volver al mundo de antes. Europa ya no decide las reglas del nuevo orden, como pasó tras la Segunda Guerra Mundial. Hemos pasado de ser comensales a parte del menú. Somos un jardín botánico rodeado por un parque jurásico, con dos grandes hegemones, Estados Unidos y China, que compiten por zonas de influencia distintas, aunque con puntos de fricción, como Taiwán y las rutas del Ártico.

P.- ¿A ti te parece razonable que el presidente de Estados Unidos amenace con anexionarse Groenlandia?

R.- A Trump hay que tomarlo en serio, pero no al pie de la letra. Su propuesta de comprar la isla es un disparate cuando se interpreta textualmente, pero responde a un planteamiento muy serio, porque es absurdo que un enclave tan estratégico lo defienda una base con unos pocos centenares de soldados. Lo que habría que desplegar en Groenlandia es un escudo antimisiles costeado entre los europeos, los canadienses y los norteamericanos, porque con el deshielo del Polo Norte su litoral va a convertirse en un corredor clave. Ya lo fue durante la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos debió asegurarse su control para evitar que cayera en manos de los nazis. Ahora el desafío procede de Rusia y China.

«Desde tiempos de Confucio, los chinos se consideran a sí mismos la única civilización legítima. Puedes ser su proveedor, su cliente o su vasallo, pero nunca un igual»

P.- Trump dice que va a volver a hacer grande a América. ¿Ves tú que vaya bien encaminado?

R.- Ha incumplido dos promesas básicas: «bajar los precios» y «detener las guerras». Respecto de la primera, los datos muestran una inflación persistente. [El IPC superó en mayo el 4%, por primera vez en tres años]. Basta entrar en un supermercado estadounidense para comprobar cómo cualquier artículo básico cuesta más que en Europa, y allí no disponen de un escudo social comparable.

En cuanto a la guerra de Irán, ojalá las negociaciones le salgan bien y neutralice el arsenal nuclear de los ayatolás. Cualquier otro resultado sería un cierre en falso y erosionaría aún más su popularidad, que ha caído incluso entre los colectivos que lo llevaron a la Casa Blanca [como los hispanos y los jóvenes].

«La relación con Marruecos es complicada, pero es un aliado de Europa y de Estados Unidos. Yo lo sacaría del grupo de las amistades peligrosas»

P.- Si pierde la mayoría en el Senado, puede acabar como Richard Nixon, sometido a un impeachment.

R.- Quedan todavía unos meses y creo que guarda en la manga un golpe de efecto: Cuba. Va a intentar repetir allí lo que ya hizo en Venezuela. Sacar a Nicolás Maduro de Caracas estuvo muy bien hecho. El ritmo de democratización del país no es el que nos gustaría, pero tenemos que ser pacientes y, en cualquier caso, los venezolanos están hoy mejor que en enero.

José Luis Moreno. Kevin Borja

P.- Otra base de poder estadounidense es el dólar. A fuerza de sanciones económicas, Trump y sus predecesores están alejando a muchos países de su órbita.

R.- El dólar es y seguirá siendo la principal herramienta geoeconómica de Estados Unidos. Controla más del 50% de las transacciones internacionales, frente al 22% del euro; el renminbi sigue siendo marginal. Y sí, el Banco Popular de China ha anunciado que está aumentando el peso del oro en sus reservas y reduciendo el del dólar, pero aún mantiene una cantidad considerable de billetes verdes, e incluso aquellos de los que se desprende acaban en sus empresas públicas, con lo que China como conjunto sigue igual de expuesta al dólar. ¿Por qué? Porque es la moneda universal, todo el mundo la acepta. Y en Europa su atractivo no va a hacer más que crecer como el BCE siga adelante con su euro digital.

P.- ¿Y eso?

R.- Porque cada pago quedará registrado y el Estado tendrá un control absoluto de tus movimientos. Es como entregarle las claves de tus cuentas corrientes. Ahora mismo, si quiere tu dinero, tiene que hablar con el banco o con el juez. El euro digital le dará un acceso directo y a mí eso me da pánico.

«El bajo gasto en defensa, el gas barato ruso y los artículos chinos explican los altos niveles de bienestar de Europa, pero se han acabado. Los tres»

P.- Hemos hablado de los intentos fallidos de Trump por volver a hacer grande a América, pero tampoco Putin ha estado muy acertado en la reconstrucción del imperio soviético. ¿Acabará China dominando el mundo por los errores no forzados de sus rivales?

R.- Rusia sigue siendo una amenaza y solo está fracasando gracias a la potente defensa que los europeos hemos hecho de Ucrania, y bien hecho, porque si la invasión hubiera sido un paseo militar, detrás habrían ido las repúblicas bálticas, Finlandia, Polonia… De Putin no hay que fiarse, tiene a su alrededor una constelación de pensadores y filósofos que lo instan a reconstruir la Gran Rusia.

José Luis Moreno. Kevin Borja

P.- ¿Y no sería importante garantizarnos el respaldo de Estados Unidos?

R.- Seguimos contando con él, porque nos facilita el armamento que luego le entregamos a Ucrania. En la época de Joe Biden, Estados Unidos lo regalaba; ahora, con Trump, se lo compramos. Nos hemos gastado 200.000 millones de euros y disponemos de otros 90.000 procedentes de la congelación de los depósitos rusos. El mensaje para Moscú está claro: aunque esto dure, Ucrania nos va a tener detrás.

«Para que los drones de Kiev puedan atacar, hay que mantener el cielo libre de cazas y helicópteros rusos, y eso requiere una labor de inteligencia que no se ve en los telediarios»

P.- Te queda la segunda parte de mi pregunta. ¿Dominará China el mundo?

R.- China no tiene una vocación hegemónica en el sentido clásico territorial, pero sí que está obsesionada por colocar sus productos y por controlar las cadenas de suministro. Lo hemos visto en África, en Latinoamérica y en Asia, con las inversiones en infraestructuras ligadas a la Nueva Ruta de la Seda, con la entrada en diferentes puertos (como Bilbao y Valencia) e incluso con la incorporación de trabajadores chinos en sus proyectos en el extranjero. China es un gigante comercial, no un líder cultural global. Cuando se ha intentado inmiscuir en los asuntos internos de otras naciones, ha fracasado, porque los chinos son tan distintos y se consideran tan superiores, que son incapaces de inspirar empatía.

«A Moscú hay que darle una salida. La zona del Donbás debería desmilitarizarse y tener un estatuto parecido al paralelo 38 que divide a las dos Coreas»

P.- Mi colega del pódcast El Gris Importa, el profesor del IESE Javier Díaz-Giménez, sostiene que si China quiere subvencionar sus coches eléctricos, adelante. Es como un plan PIVE, pero costeado por el contribuyente chino. Son todo ventajas.

R.- Seguro, pero ¿qué haces con la gente que se dedica en España a ensamblar coches? Mira lo que ha pasado en el Cinturón de Óxido [la región de Estados Unidos desindustrializada por culpa, entre otras razones, de la deslocalización a Asia]. Un montón de personas se han quedado sin trabajo, sin casa, sin sueño americano, y no por falta de diligencia, sino porque han sido víctimas del dumping de una dictadura comunista que no respeta ningún derecho laboral. La estrategia es conocida. Consiste en una invasión gradual, primero, de artículos baratos; luego, de productos más sofisticados, y ahora, de vehículos eléctricos, ordenadores, paneles solares… Pekín controla gran parte de la cadena de suministro de litio, grafito e imanes para baterías. Eso genera una dependencia peligrosa. Ya comprobamos durante la covid lo que significaba depender de sus mascarillas y sus respiradores [que alcanzaron precios astronómicos]. Ahora, el esquema podría reproducirse con los coches eléctricos, que, sí, de momento son los más asequibles, pero veremos una vez que se hayan deshecho de todos los competidores y quedemos atrapados en sus manos.

«De Putin nunca hay que fiarse. Tiene a su alrededor una constelación de pensadores y filósofos que lo instan a reconstruir la Gran Rusia»

P.- Antes has dicho que los europeos hemos pasado de ser comensales a parte del menú. ¿Qué debemos hacer para recuperar el papel central que históricamente tuvimos?

R.- Nada muy distinto de lo que ya está haciendo: firmar acuerdos de libre comercio inteligentes (con India, Canadá, Mercosur) y reducir la burocracia que frena nuestra competitividad. Necesitamos fusiones en banca, telecomunicaciones, energía y otros sectores para crear campeones europeos capaces de invertir al nivel de Estados Unidos y China. La UE sigue siendo el mayor espacio de libertad y derechos civiles del mundo, un lugar magnífico para vivir. Pero debe ser también un lugar de oportunidades para los emprendedores, no solo un retiro dorado. La hoja de ruta ya la tenemos: el Informe Draghi. Ahora hay que aplicarla.

«Ucrania debe entrar en la Unión Europea, pero no en la OTAN»

P.- ¿Puede el auge de los extremismos poner en peligro el proyecto europeo?

R.- Su ciclo está empezando a cerrarse… Déjame, de todos modos, que precise un poco el término, porque a veces llamamos extremista a quien no lo es tanto en la práctica. A mí, en particular, me preocupa mucho más el comunismo que otras opciones para las que el modelo liberal europeo ha demostrado disponer de mecanismos de autocorrección. Hungría es un buen ejemplo. Allí las elecciones han hecho posible la alternancia tras dos décadas de gobierno de Viktor Orbán. Eso habría sido inimaginable en un régimen comunista.

Yo soy un enamorado de la democracia y confío en que, con el tiempo, recentremos la política, incluso aunque no contemos ya con líderes de la talla de los que impulsaron el proyecto continental en los ochenta y noventa.

P.- Llevo años oyendo que la próxima gran guerra será por el agua, pero seguimos peleando por el petróleo.

R.- El agua ya es fuente de muchos conflictos. India, Pakistán y Bangladés protagonizan constantes altercados por el caudal de los ríos que comparten. Y en Oriente Próximo las plantas desalinizadoras se han vuelto instalaciones críticas: alrededor del 95% de lo que beben los habitantes del golfo Pérsico procede de ellas. Por eso, cuando Irán vertió petróleo al mar, todos entendieron el mensaje implícito: «Yo no tendré dónde almacenar mi crudo, pero tú no vas a tener de dónde sacar tu agua».

Publicidad