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Economía

El nuevo CEO de Indra busca enderezar un contrato clave y relajar tensiones con Defensa

Josep Maria Recasens tomó ayer posesión del cargo en la tecnológica española. Sustituye a José Vicente de Los Mozos

El nuevo CEO de Indra busca enderezar un contrato clave y relajar tensiones con Defensa

Josep Maria Recasens. | Grupo Renault

La llegada de Josep Maria Recasens como consejero delegado a la tecnológica Indra —sustituye en el cargo a José Vicente de los Mozos— se produce en un momento de paradoja: la compañía registra ingresos y pedidos récord mientras afronta un bache operativo en alguno de sus programas estrella y una obligada reconstrucción de la confianza institucional con su principal cliente.

El relevo en la cúpula directiva de Indra no es un cambio de cromos tradicional de los que se viven en el IBEX 35. Se trata de un movimiento de calado estratégico en un momento en el que la compañía se encuentra en el centro del tablero geopolítico y la soberanía industrial española. El nuevo consejero delegado del grupo asume los mandos con una doble misión, tan urgente como compleja: enderezar la ejecución de algunos contratos militares que arrastran serios problemas de calendario y, sobre todo, destensar unas relaciones con el Ministerio de Defensa que se habían vuelto peligrosamente tirantes en los últimos meses, con Ángel Escribano como principal detonante.

Escribano intentó forzar de manera acelerada y desde el sillón presidencial la fusión con su propia empresa familiar (EM&E), lo que desató un duro pulso interno con el consejero delegado, José Vicente de los Mozos, y el rechazo de los consejeros independientes por motivos de gobernanza. Esta insostenible tensión corporativa, sumada a las elevadas exigencias económicas de la familia y al riesgo de un escándalo regulatorio, provocó que el Gobierno (a través de la SEPI) le retirara su respaldo político. Todo ello abocó a Escribano a presentar su dimisión en abril de 2026 y la venta total de las acciones de su familia, cerrando definitivamente una de las etapas más convulsas en la cúpula de la compañía. La misión de Recasens, bajo la batuta de Ángel Simón —el presidente de Indra—, es ejercer de pegamento entre el consejo, la propia compañía y el Gobierno, a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), accionista mayoritario de la corporación pública, pero también tiene que afrontar asuntos pendientes operativos.

El atolladero del Dragón 8×8

El primer y más acuciante examen para el nuevo primer ejecutivo tiene nombre propio: el vehículo blindado sobre ruedas Dragón 8×8. Este programa, considerado la espina dorsal de la modernización del Ejército de Tierra español, se ha convertido en el principal foco de fricción con la Secretaría de Estado de Defensa. A través del consorcio Tess Defence —en el que Indra participa junto a Santa Bárbara Sistemas, SAPA Placencia y Escribano—, el proyecto acumula retrasos crónicos en su cadena de producción que han llevado al límite la paciencia del Ministerio liderado por Margarita Robles. Aunque recientemente el consorcio ha acelerado el paso para comprometer la entrega de 100 unidades del blindado tras haber completado apenas 70, la gestión industrial de este megacontrato sigue bajo la lupa.

El reto del nuevo consejero delegado no es solo técnico, sino reputacional. Debe demostrar que Indra posee la musculatura de gestión necesaria para liderar proyectos de hardware militar pesado y grandes cadenas de montaje, y no solo desarrollos de software y sistemas tecnológicos avanzados. Enderezar el Dragón es una condición obligatoria para devolver las aguas a su cauce. Este atasco industrial ha alimentado las tensiones con el departamento que dirige Robles. El Ministerio de Defensa no es un cliente cualquiera; es el catalizador de los ingresos de la división de Defensa de Indra y, a través de la SEPI, su principal accionista. Las fricciones internas por el control de la compañía y los retrasos operativos habían encendido las alarmas en el Paseo de la Castellana, donde se exige que la empresa funcione como un «campeón nacional» fiable y alineado con los intereses del Estado.

Por ello, la primera tarea en la agenda del nuevo timonel es puramente diplomática. Su perfil debe servir de puente para garantizar al Gobierno estabilidad institucional, alejando el ruido de los despachos y garantizando que los presupuestos públicos destinados a la seguridad nacional se traducen en entregas puntuales y efectivas.

La sombra del FCAS y el nuevo rumbo

La reconducción de estas relaciones es vital si se mira al medio y largo plazo. En el horizonte asoma el Futuro Sistema de Combate Aéreo (FCAS), el multimillonario proyecto del caza europeo de nueva generación que España colidera junto a Francia y Alemania, y donde Indra ejerce como coordinador nacional de la participación industrial española.

El programa FCAS atraviesa un momento político sumamente delicado por las reticencias de los socios internacionales y el riesgo latente de un estancamiento. Para evitar que España pierda peso específico frente a París y Berlín, Indra necesita presentarse en Europa con una cúpula fuerte, cohesionada y que cuente con el respaldo unánime de su Gobierno. El sector de la defensa va a mover mucho dinero e influencia.

El nuevo consejero delegado inicia así una etapa en la que el verdadero indicador de éxito no estará, al menos de momento, ni en los balances contables ni en los anuncios de nuevas adjudicaciones, sino en el cumplimiento de las labores que tiene encomendadas, que no son fáciles.

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