Antonio Jiménez: «Estamos en un callejón sin salida: ni se muere padre, ni cenamos»
Ha pasado por todas las grandes cadenas de radio y descubrió la televisión con 'El gato al agua'
Tiene gracia que sus amigos le llamen Antoñito pese a su 1,90 de estatura. Quizá este diminutivo tenga que ver con su cercanía y su manera de ver la vida. Desde su jubilación activa, este jienense de 69 años sigue pegado a la actualidad y al análisis político a través de sus comentarios y colaboraciones en diferentes medios —COPE, 13TV, TVE, Telemadrid o El debate— y recuerda el derecho de los periodistas a fiscalizar y denunciar los desmanes del Gobierno de turno.
Desde sus comienzos en la Cadena SER, a principios de los ochenta, junto a reconocidos profesionales como Fernando Ónega, Javier González Ferrari, Manuel Martín Ferrand, Joaquín Prat, Iñaki Gabilondo o su compadre y amigo, Carlos Herrera, ha recorrido distintas cadenas de radio hasta llegar, de forma imprevista, a la televisión hace 25 años.
En esta entrevista, concedida a Fuera de micrófono, Antonio Jiménez recrea los momentos más significativos de su trayectoria, entre ellos la incorporación al grupo Intereconomía, después de que Pedro Piqueras aterrizara en la dirección de RNE con el primer Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y una orden explícita de «limpiar la era». «Me dijo: ‘Antonio, tú y yo somos íntimos amigos, pero a mí me han puesto aquí y me dicen que tengo que cambiar a todo el mundo’». A partir de ahí, comienza una breve travesía por el desierto y el posterior descubrimiento de la televisión, con las tertulias de El gato al agua, que le dan una popularidad hasta entonces desconocida.
«Todo esto —comenta— es tan efímero como la vida. En los últimos 25 años he estado casado con la televisión, pero mi novia, mi amante, siempre será la radio. El gato al agua ha marcado mi vida profesional y estoy superagradecido a ese programa». También subraya que las tertulias radiofónicas son mucho más agradecidas y sosegadas que las televisivas, donde predomina la bronca y el exabrupto.
En un momento de la entrevista, Jiménez apunta una diferencia clara entre sus comentarios de El cascabel (13TV) y sus intervenciones en el programa de TVE, Directo al grano. «En El cascabel expreso mi opinión con tiempo, mientras que en Directo al grano todo va muy rápido y no te permiten debatir de una forma sosegada».
PREGUNTA.- Te recuerdo en el Matinal Cadena SER, a principios de los ochenta. Por allí andaban Fernando Ónega, Javier González Ferrari, Manuel Antonio Rico…
RESPUESTA.- Tuve la fortuna de empezar con grandes de la radio en aquel momento. Empecé con Iñaki Gabilondo en aquel Matinal y seguí con nuestro querido Javier González Ferrari. Su padre, Antonio Calderón, ha sido uno de los grandes referentes de la radio en España. Para mí, fue un padre profesional también. Le he tenido mucho respeto, reconocimiento y cariño. Allí conocí a Joaquín Prat, Juan Carlos Goñi, José María García, y colaboré con Manuel Martín Ferrand en el informativo de las 8 de la tarde, que llamó Plaza de España. Grandes profesionales de la radio que te marcan en tu vida, lógicamente.
P.- ¿Cómo llegaste a la SER?
R.- Hubo un proyecto muy interesante, desde el punto de vista de la comunicación, para conocer la radio. La Facultad de Ciencias de la Información y Radio Madrid firmaron un convenio, financiado por Caja Madrid, que consistía en que los estudiantes de Periodismo hiciéramos un programa de radio en el que aportáramos algo de creatividad. Entonces, de la mano del profesor José Carlos García Fajardo, hicimos A grifo abierto. El programa se emitió durante una temporada, de 8 a 9 de la noche, dentro de Los 40 Principales. Era el único momento en el que no había música, sino un espacio de radio hecho de forma experimental por chicos de la Facultad. Luego, tuve la inmensa dicha de continuar haciendo prácticas en la redacción de la SER. Muy feliz, porque eso me permitió continuar y estar 10 años en esa cadena.
«Acompañaba en el Matinal de la SER a Iñaki Gabilondo; incluso me quedaba a dormir en su casa»
P.- Te dabas buenos madrugones, porque el Matinal empezaba a las 7 de la mañana.
R.- Llegábamos sobre las 5 de la mañana. Primero, acompañaba en el Matinal a Iñaki Gabilondo; incluso me quedaba a dormir en su casa. Yo era un chavalín cuando lo hizo Iñaki y cuando lo hizo Javier González Ferrari. Después, tomé yo las riendas del programa y pasaba toda la noche en la radio. ¿Sabes quién hacía los boletines de madrugada? Almudena Ariza. Y Carlos Herrera dirigía y presentaba Al borde de la cama, que terminaba a las 3 de la mañana. Era un programa muy agradecido para quienes lo escuchaban, pero también para los que estábamos por allí pululando. Dentro de nuestra soledad laboral —yo preparando el Matinal y Almudena Ariza pendiente de los boletines—, me acercaba de vez en cuando a saludar a Carlos. Siempre tenía la posibilidad de tomar con él un cafelito… Le traían de todo. Me satisfacía y reconstituía la madrugada, porque ese horario es muy puñetero. Admiro mucho a todos los compañeros que han hecho programas matinales, porque es un esfuerzo y un sacrificio extraordinario.
P.- ¿En aquellas madrugadas se fraguó tu gran amistad con Carlos Herrera?
R.- Efectivamente. Allí nos conocimos. Llevamos desde principios de los ochenta siendo amigos. Soy el padrino de su hija, Rocío, que acaba de casarse, y él es el padrino de mi hijo, Alejandro. Mantenemos una estrecha amistad, aunque profesionalmente él está a años luz. Desarrolló una capacidad extraordinaria, tanto en la televisión como en la radio, desde el primer momento. Dirigiendo los grandes matinales de radio —en Radio Nacional, Canal Sur, Onda Cero y ahora en COPE—, acredita una vitola de estrella total y absoluta. Hemos tenido una vida paralela, en el sentido de que siempre hemos coincidido. Nos vimos en la SER y después coincidimos nuevamente en Onda Cero y en COPE.
«Cuando Piqueras llegó a la dirección de RNE, me dijo: ‘Me dicen que tengo que cambiar a todo el mundo’»
P.- Has pasado por todas las cadenas de radio: SER, COPE, Radio España, Onda Cero, Radio Nacional, Intereconomía…
R.- En la SER estuve 10 años, en COPE otros 10, en Radio España 3, en Onda Cero y Radio Nacional otros 2 o 3 años, y después me incorporé a Radio Intereconomía. Hice una travesía del desierto cuando ganó las elecciones el Partido Socialista, con José Luis Rodríguez Zapatero, en el año 2004, después de los atentados del 11M. Todo aquello se sustancia en que hay que limpiar la era. Llegó Pedro Piqueras a la dirección de Radio Nacional de España y me dijo: «Antonio, tú y yo somos íntimos amigos, pero a mí me han puesto aquí y me dicen que tengo que cambiar a todo el mundo». Y yo le dije: «Haz lo que tengas que hacer. Si me hubiera tocado a mí, probablemente hubiera hecho lo mismo. No tengo ningún rencor, en ese sentido. Me marcharé y ya está». Tenías que irte porque te echaban. Pero RNE no ha recuperado jamás la audiencia que nosotros teníamos en La Mañana, con Javier Capitán, Luis Figuerola-Ferretti y todo el equipo de colaboradores, entre los que se encontraba Julio Somoano, que luego fue director de Informativos de TVE, Sergio Martín, etc. Tuvimos 1.400.000 oyentes, según el último EGM, antes de irnos. Después, RNE ha ido siempre a la baja.
P.- ¿Por qué crees que ha ido a la baja?
R.- Quizá por los cambios. Además, en aquella etapa, RNE se politizó excesivamente. En fin, es una pena porque es una radio que, si respetas las reglas del juego, va bien. Creo que se abusó y ya no ha mejorado su situación. Llegó Zapatero, luego vino Rajoy y ahora no te quiero ni contar. Es una radio que no levanta el vuelo en la medida en que debería levantarlo, por lo que significa.
P.- ¿En qué radio has sido más libre o has estado más a gusto?
R.- Siempre me he sentido muy bien en todos los sitios. Primero, porque he tenido la convicción de que, cuando llegas a una radio, tienes que respetar su línea editorial y su ideario, de haberlos. Eso es lo primero. Y, a partir de ahí, trabajar con la libertad que te permitan las reglas de juego que esa casa imponga. He sido libre en la cadena SER, donde pasé unos años fantásticos. Viví las Cortes Constituyentes, el golpe de Estado del 23F, viajé con los Reyes de España y el entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez… Nos sentíamos libres en todo momento. Cambió cuando el PSOE ganó las elecciones, de forma tan mayoritaria y absoluta, en 1982, con Felipe González. Hubo un cambio de accionariado en la cadena y cambiaron también los objetivos y los propósitos. En COPE, la enseña era «la verdad os hará libres». ¡Ojo!, la cadena COPE es propiedad de la Conferencia Episcopal Española y tú sabes cuál es su ideario y línea editorial. En Onda Cero, lo mismo. Tuvimos algunos problemas. Tú conociste aquella etapa.
«Me llamó Fernando Ónega para hacer La Brújula, pero se cruzó Pedro J. Ramírez en el camino»
P.- Llegaste para dirigir La Brújula, pero se firmó un convenio de Telefónica con El Mundo y le dieron el programa a Victoria Prego. Te quedaste como director adjunto.
R.- Todo discurrió en un ambiente muy versallesco. A mí me llamó Fernando Ónega, que había sido para mí un referente profesional, en todos los sentidos. Le conocí en la SER en un momento tan delicado como el 23F y me dejó algunas enseñanzas que luego podemos comentar. Me llamó para hacer La Brújula y yo acepté encantado. Pero, entre mi contratación y la puesta en marcha del programa, se firmó un convenio con Unidad Editorial y Pedro J. Ramírez dijo que La Brújula tenía que llamarse La Brújula del Mundo y que la persona que la hiciera tenía que designarla el periódico. Me llama Fernando Ónega y me dice: «Ha pasado esto». Acepté esa nueva situación y colaboré de forma leal y eficaz con Victoria Prego, que en paz descanse. Además, nos llevamos muy bien. Bueno, hubo sus más y sus menos, porque la propietaria de Onda Cero era Telefónica y había algunas informaciones de La Brújula del Mundo que interferían en la buena relación de la propiedad con el responsable del programa, que era Pedro J. Ramírez. Hubo momentos de mucha tensión, pero los íbamos salvando.
P.- Recuerdo haber preparado una nota de prensa con tu nombramiento como responsable de La Brújula, que estará por ahí, en algún cajón.
R.- Fue una etapa también muy interesante y maravillosa, desde el punto de vista radiofónico. A las 8 de la tarde yo adelantaba la información sobre la que íbamos a trabajar en La Brújula. Luego, entraba Victoria y completábamos hasta las 12 de la noche.
P.- Antes de pasar adelante. ¿La SER que tú conociste en los ochenta era una radio más abierta y plural que la de ahora?
R.- La SER tiene unos extraordinarios profesionales y lo acreditan con su trabajo. ¿Qué ha podido cambiar? Tenía menos sesgo político que la actual. Ahora tira más a la izquierda. Antes, era una radio que se distinguía, precisamente, por un gran equilibrio. Fíjate que estoy hablando de profesionales que luego han seguido allí.
P.- ¿Se hizo más gubernamental?
R.- Consideró que tenía que dirigirse a un espectro de audiencia que le convenía, desde el punto de vista profesional. Marcó ese recorrido inspirándose en el diario El País, y en el Grupo Prisa, que era el nuevo propietario. Eso ocurre cuando cambia totalmente el accionariado. Salen los Garrigues, salen los Fontán y entra Jesús de Polanco. Eso es lo que marca, digamos, el sesgo a favor de un espectro político que en aquellos momentos representaba el Gobierno de España. Había ganado Felipe González con una mayoría aplastante de doscientos y pico diputados. La SER que yo conocí era bastante equilibrada. Estaba muy a favor de la democracia. Allí lo que se ventilaba no era apoyar a un partido u otro, sino salvar la democracia, en medio de tantos rumores y ruido de cuarteles. Ya habíamos vivido una intentona golpista en 1981, y hubo algunos intentos más. Las cosas empezaron a cambiar cuando aparecieron los primeros casos de corrupción (años 1986, 1987 y 1988). La SER se escora. Se inclina más hacia lo que representaba y hacia el Gobierno socialista.
«Llevo 25 años casado con la televisión, pero mi novia siempre será la radio»
P.- ¿Cómo fue el salto a la televisión, en Intereconomía, después de tantos años en la radio? ¿Qué tal has llevado esa popularidad que genera la pequeña pantalla?
R.- Lo he llevado de una forma natural. Con el convencimiento de que todo esto es tan efímero como la vida. Es muy agradecido que te saluden y te feliciten por lo que estás haciendo. Además, se produce una circunstancia: quienes se acercan a ti, salvo algún caso aislado, son gente muy agradecida, que te ve con mucho agrado y que te apoya. En algún caso, te dice: da más caña, haz esto o lo otro. Es gente que no va a reprobarte ni a censurarte. Todo lo contrario, va a apoyarte. En ese sentido, lo he vivido siempre muy bien. Fue, para mí, una forma inopinada de llegar al medio televisivo. No me imaginaba jamás haciendo televisión. Había hecho toda mi vida radio, que es lo que más me gusta. En los últimos 25 años he estado casado con la televisión, pero mi novia, mi amante, siempre será la radio. Esa amante a la que quiero fundamentalmente. Hubo una oportunidad extraordinaria de hacer televisión en Intereconomía. Tengo que agradecerle a Julio Ariza y a otros compañeros, como el inolvidable Rafael Martínez Simancas, ya fallecido, que tuvieran la feliz idea de llevar a la televisión una fórmula triunfante en la radio que consistía en hacer información y opinión todas las noches. Eso se materializaba en Hora 25, en La Brújula, en La Linterna y en cualquier programa de noche. Así nació El gato al agua, un programa que ha marcado mi vida profesional y al que estoy superagradecido. Lo recuerdo con añoranza y también con mucha alegría por lo que me dio.
«Las tertulias sosegadas son más agradecidas que las motivadas por la bronca y el exabrupto»
P.- ¿Las tertulias de radio son más relajadas y menos broncas que las de televisión?
R.- Sí, sí, mucho más relajadas. En la televisión necesitas hacerte notar para no pasar desapercibido, como si fueras un florero al que enfocan y está ahí. Las tertulias sosegadas —con gente interesante y con fuste— son mucho más agradecidas que las motivadas por la bronca y el exabrupto permanente. En El gato hubo momentos de tensión y de debate, quizá excesivos, desde el punto de vista de la dialéctica utilizada, pero, normalmente, era una tertulia muy tranquila, en la que los espectadores votaban quién se llevaba el gato al agua.
P.- ¿No había truco?
R.- No. Y tenía una singularidad que a mí me gustaba muchísimo, y es que apostamos por algo que llegó a llamar la atención en Francia, donde gustan mucho los programas de este tipo: tener en la mesa una copa de vino y ponderar algo tan nuestro como las denominaciones de origen, que son extraordinarias. Aquello llamó mucho la atención. Algunos decían: «Estos se cogerán unas cogorzas…». Mentira. El caldo de casa era más suave y estaba menos caliente que el vino que tomábamos allí. Mojábamos los labios y punto.
«En TVE soy muy libre para dar mi opinión, pero los formatos te constriñen»
P.- Has citado la frase «la verdad os hará libre». Es una frase que ahora tiene poca vigencia, al menos en la política.
R.- Mi vida profesional ha transcurrido en programas de opinión e información. Distingo perfectamente la información y la opinión. La opinión es libre, pero está sujeta al escrutinio del lector, del oyente o del espectador, que puede reprobarte, censurarte o aplaudirte. Tú puedes opinar lo que consideres oportuno, dentro de la honestidad que se le exige a un periodista. Esas son las reglas del juego de la opinión. En el caso de la información, la única regla a seguir es la verdad. La información tiene que ser rigurosa, cierta, verdadera. No valen los aditamentos que puedan instrumentalizarla. Eso sería no solamente deshonesto, sino ilegal, en algunos casos. Y, por supuesto, desde el punto de vista ético, es totalmente rechazable. «La verdad os hará libres» afecta a quienes damos las noticias. Luego, la opinión tiene que hacerse sobre esa base de verdad, sin duda alguna. Puedes darle una inclinación desde el punto de vista personal y subjetivo. Es inevitable. Somos sujetos, no objetos. A mí la equidistancia, por ejemplo, en el terrorismo no me vale. No puedo ser neutral ante el hecho terrorista. ¿Se puede entrevistar a cualquier terrorista? No. Yo no soy neutral con los terroristas. Hay que condenarlos, atacarlos y erradicarlos, de todas todas. O estás con las víctimas o no estás. Aquí no hay ninguna ponderación posible.
P.- ¿El Antonio Jiménez que colabora en 13TV y en COPE es el mismo Antonio Jiménez que opina en TVE?
R.- Te condicionan los medios, evidentemente. Colaboro en Directo al grano y soy muy libre para dar mi opinión, aunque los formatos te constriñen y condicionan tu participación.
P.- Estás en minoría.
R.- No es por eso. No es lo mismo expresar mi opinión con tiempo, sin que nadie me esté llamando la atención o interrumpiendo. Es diferente hacer mis comentarios en El Cascabel (13TV) que hacerlos en un programa que va muy rápido y solo tienes 30 o 40 segundos. Ahí no estás para hacer una tesis. No te permiten debatir de una forma sosegada. Por tanto, tienes que hacer una puntualización, lanzar un mensaje… Más que el medio, te condiciona el formato de los programas.
«Los ciudadanos no son tan estúpidos como para comprar la mercancía averiada de Óscar Puente»
P.- ¿Crees en las conspiraciones contra el Gobierno?
R.- De ninguna manera. Hay conspiradores y teorías conspiranoicas en los extremos, fundamentalmente. Y hay conspiraciones absurdas, como la que el Gobierno se ha inventado para justificar sus desmanes. No tiene otra justificación. Vamos a ver, ¿cómo puedes hablar de conspiración, después de nueve causas abiertas en estos momentos, algunas ya sustanciadas, como el caso de las mascarillas y del fiscal general del Estado, todas ellas ligadas, directa o indirectamente, al Partido Socialista y al Gobierno? ¡Vamos a ver! ¿Hemos puesto de acuerdo a Feijóo con distintas audiencias de España? A la Audiencia de Badajoz, la Audiencia Provincial de Madrid, el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional, donde hay varias causas abiertas, y a distintos jueces. Jueces que, casualmente, unos son de la Asociación de Jueces para la Democracia y otros de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM). ¿Se han puesto de acuerdo con el PP para echar al Gobierno por métodos no democráticos, como dice el impresentable e irresponsable ministro, Óscar Puente? No entiendo cómo alguien que forma parte del Gobierno puede llegar a hablar con esa frivolidad y esa ligereza. Un señor que se dedica a descalificar a medios como este, cuando todo lo que han investigado y publicado los compañeros se ha acreditado con las instrucciones de los juzgados… No hay ninguna confabulación. Lo que hay es un afán de Sánchez por perpetuarse en el poder y ejercerlo de forma impune. En definitiva, para justificar esos desmanes. Hablando del último caso, el de las cloacas de Ferraz, ¿el juez Santiago Pedraz es dudoso de algo? Un señor que se ha distinguido por luchar abiertamente contra ETA e instruir causas contra el PP. Lo que dice el juez es que hay una trama, un comando de las cloacas, cuyo fin es interferir en los procedimientos judiciales y atacar y desacreditar a aquellos que investigan esos procedimientos judiciales, sean jueces, fiscales, policías, guardias civiles o periodistas. Estos mismos jueces son los que investigaban e instruían causas contra el PP. En los últimos 12 años, los únicos que han entrado en la cárcel por casos de corrupción han sido gente ligada al Partido Popular. Y bien condenados están. Entonces, no había lawfare. No había ninguna confabulación, ninguna conspiración, ni se perseguía echar a Rajoy por métodos antidemocráticos. Aunque la tentación esa ha existido también en el PP en alguna ocasión. Pero la conspiración es para gente mal informada. Los ciudadanos, en general, no son tan estúpidos ni tan idiotas como para comprar esta mercancía averiada de Óscar Puente y del PSOE.
«La imputación de Zapatero es la crónica de un caso anunciado»
P.- ¿Te sorprendió que José Luis Rodríguez Zapatero fuera imputado?
R.- No. En absoluto. Ahí están todas las informaciones relacionadas con algunos casos que se estaban investigando, como el incomprensible rescate de una compañía aérea que no es estratégica como Plus Ultra, quebrada prácticamente y con un solo avión operativo. Todo eso hace incomprensible aquel rescate y el interés que se puso por parte del Gobierno para sacarlo adelante. Ahí aparecía el nombre de Zapatero, porque José Luis Ábalos se quitó del medio. Ábalos y Koldo sugieren que es Zapatero quien media para que el rescate se produzca por intereses de su liaison con Venezuela. No me ha sorprendido la imputación de Zapatero. Forma parte de la crónica de un caso anunciado.
«Se montó una trama en Ferraz contra quienes investigaban al entorno de Sánchez»
P.- ¿Y qué es lo que más te ha sorprendido en estos dos o tres últimos meses?
R.- El caso de las cloacas. Fíjate que hemos visto vídeos y audios de Leire Díez intentando extorsionar a jueces, dándole vueltas a una posición que pudiera comprometerles. Hemos visto vídeos en los que se intenta desacreditar al teniente coronel Antonio Balas, el hombre que estaba investigando en la UCO. Hemos visto cómo se ha intentado desprestigiar a la propia Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Hemos visto cómo se ha hablado con el exjuez Sáenz de Tejada, ahora abogado, para perseguir a Beatriz Biedma, la juez que ha instruido el caso del hermano de Pedro Sánchez. Todo eso ya lo conocíamos. Lo que no podíamos imaginar es que todo esto era una trama orquestada desde Ferraz por Santos Cerdán, utilizando a Leire Díez para hacer la guerra sucia contra las personas que investigaban los casos de corrupción del entorno familiar de Sánchez. Coincidiendo, por cierto, con aquel periodo de reflexión de este último. Es tremendo. Una operación de baja estofa, de cloacas del Estado. Que se paguen los servicios de Leire Díez con dinero del Partido Socialista, utilizando además facturas falsas, me parece mucho más grave que la posibilidad de que aparezca una presunta financiación ilegal del PSOE.
«Está claro que el PP y Vox están disputándose un mismo electorado»
P.- Elecciones en 2027 y más allá, que dice el presidente del Gobierno… ¿Entra dentro de lo posible?
R.- Claro que entra. El problema es que estamos en un callejón sin salida. Lo defino con esa frase tan castellana de «ni se muere padre ni cenamos». Ni avanzamos ni retrocedemos. Estamos inmovilizados. ¿Por qué? Porque Sánchez se ha empeñado en encastillarse, en bunkerizarse. Le da igual no gobernar, pero sí seguir en el Gobierno, que es lo que está haciendo. No cuenta ya con la mayoría parlamentaria que le invistió: con el apoyo de aquellos que le llevaron a la Moncloa, Junts y el PNV. Sánchez va a seguir como si nada. Como si oyera llover. Es una situación muy delicada. Lamentable. El próximo presidente del Gobierno, que supongo será Feijóo, si se materializa lo que dicen las encuestas, tendría que plantearse cambiar la legislación para que cuando no haya presupuestos durante dos legislaturas sea obligatorio convocar elecciones.
P.- ¿Por qué PP y Vox siguen enfrentados y no toman decisiones conjuntas en una situación como esta?
R.- Porque están disputándose un mismo electorado. Está claro. En algún momento, Vox ha albergado la esperanza de dar un sorpaso. Pensó que podría conseguir más votos que el PP. Pero es un objetivo inútil en estos momentos que solo puede conducir a la melancolía y a la frustración. Todas las encuestas, desde diciembre hasta ahora, se han reafirmado en el mismo diagnóstico: gana el PP, con una diferencia sustancial respecto al PSOE, pero también con una diferencia sustancial respecto a Vox. En ese espectro, el PP solo puede gobernar si cuenta con el concurso de Vox, bien formando parte de los Gobiernos o acordando un programa de gobierno desde fuera. Eso va a ser así en las próximas elecciones generales. Es necesario hacer de la necesidad virtud.
«En el PSOE no quieren significarse por miedo a que Sánchez los lamine»
P.- La sociedad española parece adormecida. Apenas se moviliza. Y desde el PSOE solo se escuchan críticas aisladas contra Sánchez. ¿Todo vale?
R.- La reacción la está representando, de una manera honesta y digna, Emiliano García-Page. Me parece injusto que se le recuerde que tiene unos diputados en el Congreso… No son sus diputados. Son diputados de Castilla-La Mancha de tendencia muy sanchista. Hemos repetido muchas veces que, por cómo se comporta, este no es el Partido Socialista, sino el partido sanchista. Hay voces críticas, como la de García-Page, y algún alcalde, pero me da la impresión de que están todos muy obsesionados con guardar lo que tienen. No quieren significarse por miedo a que el manual de resistencia de Sánchez se cumpla otra vez y luego los lamine. Roma no paga traidores. Sánchez va a por ellos sin conmiseración alguna. Muchos socialistas son muy críticos, pero incapaces de alzar la voz, más allá de García-Page.
P.- ¿No te parece extraño que el PSOE siga sin dar explicaciones sobre la derrota electoral en tu tierra, Andalucía?
R.- Es un partido cesarista. No hay órganos críticos. El Comité Federal está totalmente controlado por Pedro Sánchez. Por eso no hay una voz crítica. Nadie osa molestar ni cuestionar al jefe, al césar. En su fuero interno, los compañeros y militantes afectados por esas derrotas se han producido, en gran medida, por las políticas seguidas por Sánchez: sus pactos con el independentismo, el blanqueamiento de una banda terrorista para contar con los votos de Bildu, etc. Todo eso lo están pagando los alcaldes, concejales y candidatos a presidentes regionales del Partido Socialista. Ellos lo saben. Las cuatro derrotas consecutivas en elecciones autonómicas son culpa de Sánchez. Pero, ¡cómo va María Jesús Montero a cuestionar nada, si es cómplice y connivente de todo lo que se ha hecho mal en la política nacional! Claro. Está desaparecida en combate.
«No estoy en el PP ni en Vox; soy un periodista que critica lo que estamos viendo»
P.- Te has definido como hombre moderado y de centro, pero ahora te llamarán «facha».
R.- La perversión del lenguaje es terrible cuando se utiliza de esa forma tan obscena y censurable. Si criticas al Gobierno, eres un facha. No puedes criticar hechos objetivos, ciertos, verídicos, porque atacas al Gobierno. Y, si atacas al Gobierno, se supone que estás en el otro lado. No estoy en el PP ni en Vox. Soy un periodista que critica lo que estamos viendo. Pero, ¿esto qué es? La mayoría de los periodistas estamos criticando a Sánchez porque consideramos que, honestamente, hay que criticarlo, y porque nuestra labor es fiscalizar al poder. También a la oposición, pero esta tiene menos responsabilidad. Lo de facha me lo tomo a broma. Es muy propio de las redes sociales, que se han convertido en un vertedero.
«La fuerza de los hechos ha demostrado que todo lo publicado era cierto»
P.- Los hechos han dado la razón a periodistas como Ketty Garat. ¿No deberían pedir perdón los compañeros que firmaron un manifiesto contra quienes sacaban a la luz los primeros casos de corrupción socialista?
R.- A mí me dieron una Antena de Oro y eché en falta en la ceremonia de entrega una mayor significación de algunos periodistas que recogieron el premio. Aproveché ese momento para hacer un alegato a favor de los compañeros que han sufrido y están sufriendo persecución por parte del Gobierno. Hay que rechazar esos manifiestos que tacharon de fascistas, golpistas mediáticos y expendedores de bulos a los compañeros que estaban investigando casos de corrupción. La fuerza de los hechos, querido Javier, ha demostrado que todo lo publicado era cierto. Así ha quedado acreditado. Esos periodistas deberían reaccionar. Por lo menos, en su conciencia tienen ese acto de deslealtad con la buena profesión y el periodismo bien entendido.
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