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El número de migrantes fallecidos en el Mediterráneo bajó un 28% en 2018

Última actualización: 3 Ene 2019, 4:17 pm CEST
Foto: JON NAZCA | Reuters

El número de migrantes que murieron intentando cruzar el mar Mediterráneo bajó 28% en 2018 en comparación con el año anterior, pero sigue siendo demasiado alto: 2.262 personas perdieron la vida tratando de llegar a Europa por mar. Alrededor de 113.500 lo lograron, según ACNUR, que llamó a los países europeos a poner en pie un "mecanismo regional de desembarque".

En 2017, 3.139 migrantes fallecieron o fueron dados por desaparecidos y 172.301 lograron llegar a Europa, según cifras publicadas por la Agencia de la ONU para los Refugiados en su página web.

Si se añaden los cerca de 7.000 migrantes registrados en los enclaves españoles de Ceuta y Melilla, que están en territorio africano, se obtiene un total de 120.205 personas llegadas a Europa en 2018.

El nivel de llegadas ha caído drásticamente respecto al auge en 2015, cuando más de un millón de migrantes alcanzaron las costas europeas. Pero el descenso en el número de muertos no ha sido tan contundente. En el peor año de la crisis migratoria, 3.800 migrantes perecieron en aguas del Mediterráneo, 1.600 menos que este 2018; cuando la cifra de migrantes que llegaron a Europa es ahora 10 veces menor.

"El Mediterráneo es desde hace unos años la vía marítima más mortífera del mundo para los refugiados y migrantes, con una tasa de mortalidad que ha aumentado fuertemente", ha dicho a AFP la portavoz de ACNUR en Francia, Céline Schmitt. "En 2019 es esencial salir del punto muerto actual", ha añadido.

España, principal puerta de entrada

España se convirtió el año pasado en la principal puerta de entrada a Europa, con 55.756 llegadas por mar (frente a 22.103 en 2017), reemplazando a Italia. 769 personas perdieron la vida en el mar tratando de alcanzar las costas españolas hasta el 19 de diciembre de 2018, un 344% más que en todo 2017, en este caso según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Italia, cuyo Gobierno antiinmigración ha cerrado sus puertos a los barcos humanitarios desde el último verano, ha registrado 23.371 llegadas en 2018, cuando en 2017 contabilizó 119.369. A Grecia, que es también uno de los principales países de entrada, han llegado 32.497 en 2018.

Los migrantes vienen principalmente de Guinea (13.068 personas), Marruecos (12.745) y Malí (10.347). Siria ocupa la cuarta posición, seguida de Afganistán e Irak.

La acogida de migrantes rescatados en el mar provocó una crisis diplomática europea en 2018, después de que Italia cerrara sus puertos y varios barcos tuvieran que errar por el mar en busca de un país para desembarcar.

Cada caso se resolvió gracias a acuerdos puntuales entre países europeos que se repartieron a los migrantes rescatados por los barcos humanitarios. España y Malta abrieron entonces sus puertos para que estas personas pudieran desembarcar.

"En 2019, es esencial que se ponga fin al enfoque actual barco por barco", estimó el domingo ACNUR, que exhortó a los Estados a "poner en marcha un mecanismo regional que dé a los capitanes de los barcos directivas claras y previsibles sobre el lugar donde pueden desembarcar a los refugiados y migrantes socorridos en el Mediterráneo".

Las autoridades de La Valeta autorizaron el miércoles a entrar en aguas maltesas a dos barcos de ONG alemanas con 49 migrantes rescatados en el mar Mediterráneo, debido al deterioro de las condiciones a bordo. Y España autorizó el 22 de diciembre al barco humanitario Open Arms, con unos 310 migrantes a bordo rescatados en el mar Mediterráneo, navegar por sus aguas después de que Italia le cerrara sus puertos.

Holanda ha dicho estar dispuesta a acoger a una parte de los migrantes rescatados, "a condición que otros países europeos hagan lo mismo".

Trabajas a los barcos humanitarios

Pero los barcos humanitarios de rescate, que denuncian trabas a su labor, son cada vez menos numerosos. A inicios de diciembre, las ONG Médicos sin Fronteras y SOS Mediterráneo tuvieron que poner fin a los operativos del barco Aquarius por los continuos obstáculos a su labor.

Una amplia zona frente a las costas libias, de donde a menudo parten los migrantes, está ahora bajo la responsabilidad de los guardacostas de ese país, cuyo nivel de formación y equipos son criticados por las ONG, así como las condiciones que sufren los migrantes en los centros de detención libios.