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Mi madre en la manifestación de Societat Civil Catalana

Laura Fàbregas

Foto: YVES HERMAN
Reuters

Uno de los ‘éxitos’ más significativos del procés independentista ha sido ver a gente como mi madre en la manifestación de Societat Civil Catalana. A mi madre nunca la verán con un trapo, ni catalán ni español, ni tampoco de cocina. Para ella las banderas siempre han sido “trapos sucios de sangre”, me decía cuando, como cualquier joven con inquietudes políticas, flirtee con el independentismo en mi etapa universitaria.

Este domingo, sin embargo, como tantos otros miles de catalanes, ha decidido ir a Barcelona. Confiesa que nunca, a sus 62 años, pensó que se encontraría rodeada de banderas españolas. Y es que forma parte de esa generación que sufrió la dictadura franquista y el primer contacto con la insignia le produce, inevitablemente, cierto rechazo. Pero hace un esfuerzo. Su inteligencia se impone a los prejuicios: sabe que, digan lo que digan, Franco está muerto, España es una democracia y que Cataluña es libre y próspera como nunca antes.

Habla desde la autoridad moral de quien no solo ha vivido en dictadura, sino de quien, desde el PSUC la ha combatido en los años duros, cuando aún eran pocos los que se atrevían a salir a la calle y la burguesía catalana –los abuelos de muchos de los rebeldes sistémicos de la CUP– ocupaban cargos de gobernadores civiles y hacían negocios con los que hoy consideran sus opresores. Sí, hoy todo el mundo afirma que corrió ante los grises… Pero son menos los que, como ella, se salvaron de ser juzgados por el Tribunal de Orden Público gracias a la Ley de amnistía de 1977.

Como quizás muchos de los que ayer estuvieron en Barcelona, mi madre también ha evolucionado hacia posiciones moderadas, y este domingo ha roto otro tabú: se manifestó junto a banderas rojigualdas. Esta insignia que, ironías de la vida, hoy garantiza nuestros derechos porque no pide una adscripción sentimental. Solo lealtad administrativa. Lo contrario de la estelada, que excluye a quienes no comulgan con su plan.

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Fitur LGTB: 5 destinos para un turismo Gay Friendly

Lidia Ramírez

Foto: Jorge Raya
The Objective

En el pabellón 3 de Ifema, destinado en su mayor parte a promover el turismo en América, encontramos quizá los stands más alegres y divertidos de este Fitur 2018. Con música que pone a bailar hasta al más hierático de la feria y con drag queen que amenizan aún más si cabe la jornada, junto al espacio dedicado a turismo de festivales –una de las novedades de este 2018– se encuentra la sección dedicada a promocionar el turismo LGTB. 

Casi una decena de stands que intentan vender uno de los sectores más potentes del turismo mundial,  que crece a un ritmo anual del 12% –más del doble que el convencional– y que vuelve a Fitur por quinto año consecutivo.

“El turista LGTB viaja tres veces más que uno convencional”

Entre visita y visita a los diferentes casetas, los asistentes pueden disfrutar de un sinfín de actividades, como asistir a las presentaciones de “GAY/LGTB Pride MADO 2018” y “Madrid, destino de diversidad”, o descubrir la oferta de turismo Lesbian Friendly. También hay tiempo para la música con actuaciones como la de Nacha la Macha, el musical DIVAS DISCO o el Show Mr. Gay Pride España. Y es que el interés por este segmento queda patente al ver las 50.000 visitas que tuvo el año pasado.

De esta forma, con un sector que genera 7.300 millones de euros anuales –un 31,5% más que el turismo de negocios– y con siete millones de turistas internacionales que visitan nuestro país en busca de este turismo LGTB, estos son los destinos Lesbian Friendly en España que recomiendan desde Fitur 2018.

Maspalomas, Gran Canaria

La isla de Gran Canaria es uno de los grandes centros de turismo gay en Europa. Desde el stand, además de aconsejar la visita a sus playas, como la del Inglés, o su kilométrico campo de dunas, recomiendan no perderse el Maspalomas Gay Pride, uno de los eventos más esperados del año. “En invierno, cuando Canarias vive su temporada alta, ningún otro destino gay de Europa se acerca a esas magnitudes”, nos cuentan desde el pabellón, donde nos detallan que este segmento de visitantes representa más del 15 % del negocio turístico total de la isla. Este 2018, Maspalomas Gay Pride se celebrará del 3 al 13 de mayo. 

Además, también ofrece entre un abanico amplio de oferta gay exclusive o entre gran número de establecimientos Gay Friendly. Desde coquetos bungalows en la costa a hoteles rurales en el interior verde.

Stand Maspalomas Fitur 2018. | Foto: L.R. / The Objective

Valencia

En los folletos que desde el stand de Ifema distribuyen a los asistentes se presenta al valenciano como un pueblo “amable, de mente abierta y tolerable. De esta forma, invitan a disfrutar “con libertad” de sus playas y calas. También incluyen ofertas como pubs, discotecas, shows y zonas de ocio. Entre las experiencias para el público LGTB promocionan la celebración anual del Orgullo en Valencia –16 de junio–, la semana del Benidorm Pride –del 3 al 9 de septiembre–, el Moncofa Orgull – en julio– o los Jocs Taronja, un torneo deportivo cuyo objetivo es la no discriminación y que este año tendrá lugar del 2 al 4 de marzo.

Y entre los  municipios que se presentan como atractivo LGTB destacan: Gandía, Pinoso, Torrevieja y Elche.

Ibiza

Ibiza participa de forma muy activa en la promoción del turismo homosexual en la isla. En 2008 Ibiza recibía la medalla de honor en la Pink Corner del salón internacional de turismo de Cataluña, como reconocimiento su trayectoria en la promoción del turismo Gay Friendly.

Antonio Balibrea, director de Ibiza Gay Pride, cuenta a The Objective como desde su stand promocionan todos esos destinos turísticos en Ibiza para que el turista LGTB se sienta “relajado”, como playas, calas, locales, pero sobre todo, el evento LGTB más grande de la isla: el Ibiza Gay Pride. “Una cita para todos los públicos donde todas las actividades son gratuitas, como ponencias y teatros”. “Ibiza es el lugar perfecto para que el público LGTB lo elija como destino”, asegura.  Este año Ibiza Gay Pride volverá a celebrarse del 13 al 16 de junio con la voluntad de “consolidarse” como un evento “festivo y reivindicativo”.

Varios asistentes se aglomeran en el stand de Ibiza LGTB en FItur 2018. | Foto: L.R. / The Objective

Otro evento destacado es el Festival del Mar, que se celebra cada año en esta isla durante el mes de junio. Este Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico, muestra los mejores estrenos del cine LGTB.

Madrid

Tras el World Pride Madrid 2017 que consolidaba a la capital de España como uno de los destinos turísticos LGTB por excelencia, el stand de promoción turística Gay Friendly en Fitur se ha convertido así en uno de los más visitados. Con una amplia oferta para este sector, desde este pabellón ofrecen un amplio abanico de oferta gay exclusiva además de un gran número de establecimientos Gay Friendly. Además, con el eslogan ‘Ames a quien ames Madrid te quiere’, impulsan el Orgullo de este año que se celebrará del 28 de junio al 8 de julio .

Stand Madrid LGTB en Fitur 2018. | Foto: L.R./The Objective

Andalucía

El 23 de junio, en Sevilla, tendrá lugar la manifestación del Orgullo LGTBI de Andalucía 2018. De esta forma, además de la promoción de este evento que poco a poco se consolida como uno de las festividades más reivindicativas del colectivo Gay, Torremolinos se presenta por excelencia como la ciudad “más acogedora” para este tipo de turismo. Por ello, desde este pabellón promueven esta localidad de la Costa del Sol que se refuerza un año más como destino Gay Friendly. El Orgullo LGTBI 2018 de Torremolinos se celebrará entre el jueves 31 de mayo y el domingo 3 de junio.

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El hotel de Juego de Tronos abre sus puertas para amenizar la espera a los fans

Redacción TO

Foto: Lapland Hotels

Juego de Tronos no vuelve hasta 2019, y 2018 acaba de empezar. Los fans de uno de los fenómenos de la ficción televisiva más importantes de los últimos años andan mordiéndose las uñas por una espera que se puede hacer muy larga. Para ellos hay un lugar en el mundo muy especial: el hotel ambientado en Juego de Tronos. Lapland SnowVillage, un hotel construido únicamente de nieve y hielo que reproduce de manera muy fidedigna el universo de la serie, está ubicado en Finlandia y es una auténtica delicia para los seguidores de GoT (por sus siglas en inglés). El complejo completo cubre un área de aproximadamente 20.000 metros cuadrados.

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

Diseñadas por escultores de hielo profesionales de todo el mundo, cada una de sus 24 habitaciones presenta una figura de hielo relacionada con la serie basada en los libros de George R.R. Martin.

Las temperaturas alcanzan los 5 grados bajo cero en el interior, por lo que se ofrecen bolsas para dormir térmicas y de alta calidad con el objetivo de mantener a los huéspedes calientes, así como un zumo de bayas calientes por las mañanas. Se recomienda que los huéspedes se alojen en el hotel durante como máximo una noche debido a las condiciones del hielo, hay cabañas de troncos calientes disponibles en el exterior si desean extender su estadía.

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

Imagen: Lapland Hotels

La experiencia es completa: los huéspedes reciben también una visita guiada dentro del complejo, un desayuno buffet en el restaurante y un diploma de Juego de Tronos para conmemorar su estancia.

El hotel fue construido en el año 2000, no obstante es el primero de hielo basado en la temática de Juego de Tronos y aprobado por la propia HBO, productora de la serie.

Los viajeros pueden reservar una noche en el hotel de nieve o simplemente visitarlo durante el día. Los precios son algo elevados: 65 euros por una visita guiada durante el día, de 165 a 450 euros por habitación y noche, dependiendo del tamaño y servicios de ésta. Sin embargo, para los verdaderos fans de la serie, esta será una experiencia irrepetible e impagable. Winter is coming, for real.

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El sexo se acaba

Miguel Ángel Quintana Paz

No es fácil que una generación entienda a otra. Todavía recuerdo aquella ocasión en que acompañé a una amiga (andábamos ambos por poco más de la treintena) a cierta conferencia de Celia Amorós, matriarca del feminismo hispano, que por aquel entonces superaba la sesentena. Doña Celia disertó sobre un problema que ella reputaba crucial para las mujeres: que la mayoría de los hombres las contemplaran solo como posibles madres de su prole futura. Mi amiga se revolvía incómoda en su asiento. Me había contado a menudo que su dificultad era justo la contraria: encontrar un novio que no la abandonara en cuanto ella hablaba de ir formando familia. Aun así, supo permanecer en la sala durante toda aquella charla sobre “la mujer actual”; si bien como quien escucha una disertación sobre tribus perdidas a orillas del Orinoco.

Son de hecho las cuestiones sexuales aquellas en las que me temo que con mayor frecuencia prosperan los malentendidos entre generaciones. Hoy, por ejemplo, los adultos suponemos con naturalidad que vivimos tiempos fáciles para que cualquier joven goce del sexo. ¿No está acaso omnipresente este en nuestras televisiones, en nuestra publicidad, en internet, en las conversaciones de toda índole? ¿No vivimos una época ajena a los tabúes sexuales? Los anticonceptivos, la pérdida de fe religiosa, la volatilidad de las relaciones, ¿no allana todo ello el camino a cierta promiscuidad?

Por pasmoso que resulte, parece lejos de ser así. La reciente investigación de tres psicólogos estadounidenses (J. M. Twenge, R. A. Sherman y B. E. Wells) exhibe la tendencia contraria. Los jóvenes actuales, también llamados “generación milénica” o millennials (nacidos después de 1982), son los que menor actividad sexual tienen desde nada menos que los felices años 20; su número de parejas sexuales también ha descendido hasta volver a niveles de la posguerra. El dato cuadra con otros ya sabidos, como que un tercio de los japoneses menores de 30 años es virgen; o que la tasa de embarazos adolescentes se ha llegado a reducir a la mitad desde que las redes sociales (Facebook, Twitter, Snapchat) comenzaron su expansión. Nuestros jóvenes tienen más relaciones ahora, sí, pero a través de la pantalla, no bajo un edredón.

Como ocurre a menudo, estas son cosas que los filósofos ya ha tiempo que vieron venir. Pienso en lo que vienen escribiendo desde hace lustros pensadores como Mario Perniola, Slavoj Žižek, cierto Michel Foucault, junto con literatos como Michel Houellebecq. Quizá el más iluminador de todos ellos sea el recientemente fallecido Perniola: en su libro de 1994 El sex appeal de lo inorgánico este italiano ya captaba ese rasgo en nuestra época. Época en que nuestro placer cada vez tendrá menos que ver con el deseo y el encuentro sexual, pues tendrá que ver más con otras cosas.

Al hablar así muchos pensemos seguramente en la pornografía, que sin duda ha prosperado de la mano de internet (el 14 % de sus búsquedas así lo avalan) y es una alternativa rápida, fácil y barata a las siempre intrincadas lides del cortejo.

El citado Slavoj Žižek añadiría que, si una parte esencial del goce sexual ha sido siempre la transgresión que acarreaba, no resulta extraño que, en una época tan sexualizada como la nuestra, los placeres ya no prohibidos hayan perdido encanto.

Un millennial, Antonio Ruiz Capilla, me proporcionaba hace poco otra explicación a esta dejadez sexual: hoy la oferta de entretenimiento casi gratuito es tan abundante, que tener relaciones sexuales resulta una alternativa relativamente costosa (aunque solo sea en tiempo); solo a aquellos deseosos de mantener cierto prestigio como animales sexuales en su generación les compensarían, pues, los esfuerzos por disfrutarlas.

Ahora bien, consumir porno, chequear los nudes que te envía alguien por mensaje privado o practicar cibersexo se quedarán pronto en versiones ridículamente primitivas de goce asexual en comparación con lo que se avecina. Mientras que ahora constatamos el declinar del sexo real, el futuro que nos aguarda puede acercarnos a su extinción. Basta con que pensemos, verbigracia, en los robots sexuales: 2017 nos proporcionó las primeras robots con inteligencia artificial que se adaptan a los gustos de su usuario por el módico precio de 15.000 dólares, mientras que en este 2018 está prevista la llegada de los primeros robots-chaperos con penes biónicos. Todo el debate sobre si legalizar o no la prostitución humana podría quedar, en cuestión de pocos años, desfasado: frente a los riesgos de una prostituta o prostituto (enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, que te robe la cartera según sale de tu dormitorio), un robot bien desarrollado podría aprender a proporcionarte tanto o más placer, con prácticamente ningún peligro anejo.

O pensemos en el desarrollo de la realidad virtual: hoy ya existen “trajes sexuales” que envían impulsos a diversas partes de tu piel para que sientas lo mismo que si alguien te estuviera acariciando. ¿Qué mujer o qué hombre real podría competir con ese traje si a la vez lanzara a tus ojos imágenes en tres dimensiones de aquella persona con quien tienes los sueños más eróticos? ¿Quién perdería el tiempo con un ligue al que, con suerte, podrías calificar con un 7 sobre 10, y al que previamente debes invitar a copas mientras conversas sobre su familia de Vitigudino, cuando puedes gozar con un hombre o mujer de 10 sin tan engorrosos prolegómenos? Los 400 dólares que ahora cuesta este invento parecen una inversión razonable. Especialmente si tenemos en cuenta que un traje nunca te demandará por haberte propasado, ni te llamará egoísta por preocuparte solo de tu propio regocijo.

Si a todo esto le añadimos el próximo perfeccionamiento de úteros artificiales, que permitirán prescindir de los cuerpos humanos incluso cuando alguien desee concebir un hijo, el porvenir resulta predecible: poco a poco, habrá cada vez menos cuerpos y cada vez más máquinas que nos ahorrarán todas las molestias, todas las enfermedades, todas las muertes que hoy ocasionan los siempre embarazosos embarazos.

Bien es cierto que unos pocos perseverarán en la vieja costumbre de juntarse con cuerpos reales, pese a sus amenazas, de modo similar a como ahora algunos prefieren escribir a máquina en vez de ordenador, o comer soja sin modificación genética, o vivir sin calefacción. Y no es menos verdad que observar cómo se practica sexo con una máquina resulta todavía una experiencia un tanto perturbadora (pero ¿no le es también impactante a un niño contemplar la primera relación sexual de su vida?). Probablemente veremos a esas feministas que hoy consideran que cualquier relación sexual con penetración es una violación cambiar de estrategia, ante la competencia de las robots y la realidad virtual, y exigir cierta redistribución de contacto mínimo entre humanos para todos y para todas. No es imposible que, al igual que hoy los gobiernos nos incitan a practicar más deporte, o subvencionan las tradiciones que están a punto de desaparecer, pronto nos inviten a salir más de casa para conocer otros cuerpos sexuados y nos otorguen ayudas para financiar los gastos del flirteo.

Pero todo ello constatará solo que el sexo se está acabando.

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Siria se presenta en Fitur como destino turístico "seguro" en plena guerra

Lidia Ramírez

Foto: L.R.
The Objective

Después de siete años de guerra civil, muchos son los lugares de Siria que han quedado reducidos a escombros y hoy permanecen casi abandonados. Si hace apenas una década este país se presentaba como un lugar donde había que ir al menos una vez en la vida, actualmente es un lugar hostil que pocos se atreven a visitar.

En un momento en el que la situación parece haberse calmado tras la recuperación por parte del Gobierno sirio del último bastión en manos del Estado Islámico, Siria, por primera vez, se presenta en esta edición de Fitur como un destino más que todo turista tiene que visitar.  Sin embargo, esta calma aparente es solo la capa más superficial de un conflicto que ha diezmado al país y ha dejado, sólo en 2017, más de 10.000 civiles asesinados.

De esta forma, en uno de los folletos informativos que el stand de Siria facilita a los visitantes y que vende al país como “la cuna de la civilización”, se puede leer: “El turista puede moverse con toda libertad y viajar por todo el país de forma segura“. Esto puede parecer algo cuestionable en un momento en el que el Estado Islámico todavía conserva el control de algunas áreas del desierto y aldeas cercanas, y unas 2.500 familias permanecen aún cercadas por el grupo terrorista, según el Alto Comisionado Iraquí para los Derechos Humanos.

Siria se presenta en Fitur como destino turístico "seguro" en plena guerra 3
Stand de Siria en Fitur 2018. | Foto: J.R./The Objective

Por su parte, Ziad Bakhi, funcionario del Ministerio de Turismo sirio, asegura a The Objective que “la mayor parte de Siria es segura, muy pocas zonas permanecen en conflicto”,  y agrega: “Nuestras zonas de turismo están a más de 100 kilómetros de las zonas hostiles“. “Las zonas en conflicto están muy lejos de las zonas turísticas”, termina insistiendo.

Como destinos imperdibles, nos aconseja visitar Palmira, “un oasis del que brotan las fuentes de la historia de Siria” y que el Estado Islámico casi redujo a escombros llevándose así más de 2.000 años de historia. Para muchos, esta hermosa perla del desierto tiene –o tenía– una riqueza cultural solo comparable a la de Pompeya (Italia) y Éfeso (Turquía). En marzo de 2017, el Gobierno consiguió expulsar definitivamente a los terroristas de esta zona, pero el daño ya era demoledor y la destrucción irreversible.

Inmersa en una guerra, Siria se presenta en Fitur como destino turístico
RESTOS DEL ARCO DEL TRIUNFO DESTRUIDO POR EL ESTADO ISLÁMICO. (AFP/MAHER-AL-MOUNES)

Alepo es otro de los destinos que nos aconsejan visitar desde el stand de Fitur este 2018. “Esta gran ciudad puede presumir de un próspero presente, de cuidados barrios residenciales con edificios de los estilos arquitectónicos más variados y del verde de los parques y jardines que en ellos abundan”, se lee en el folleto informativo. Sin embargo, la realidad dista mucho de esta afirmación. Y es que después de siete años de conflicto y bombardeos, muchas son las zonas totalmente destruidas, haciendo de esta ciudad prácticamente una urbe fantasma.

Siria se presenta en Fitur como destino turístico "seguro" en plena guerra 1
Varios niños juegan entre los escombros en un barrio de Alepo. | Foto: Max Black/AP

Damasco o Homs también son otros destinos “totalmente seguros”, nos informan desde el punto promocional de Siria en Fitur, situado en el pabellón 4 de Ifema; al igual que la histórica Resafa que, abandonada por sus habitantes a principios del siglo XII tras la llegada de los mongoles primero y de los turcos después, es hoy día un sitio arqueológico de gran valor histórico localizado al sudoeste de la ciudad de Al Raqa y el río Éufrates. Tras tres años de ocupación yihadista, el 19 de junio de 2017, el Gobierno de Al Assad recuperó la ciudad de manos del Estado Islámico. Aunque los terroristas colocaron minas en algunos monumentos históricos, gran parte de las ruinas parecen estar en buenas condiciones.

Para Ziad Bakhi visitar estas zonas, “cunas de la civilización”, es una forma de “apoyar al pueblo que ha sufrido terrorismo”. Además, asegura que están haciendo “todo lo posible por restaurar los lugares destruidos y recuperarlos de una forma rápida”.

Algunos datos…

Justo antes de la guerra civil, en 2010, 8,5 millones de turistas habían visitado Siria ese año. Un 40% más que en 2009, según el entonces ministro de turismo, Saadallah Agha Al Qala. En 2015, la afluencia de turistas había caído un 98%. Y para este 2018, desde International SOS advierten: “Siria, junto a Irak, Afganistán, Pakistán, Yemen, Somalia, Sudán, Yemen y Libia, sigue siendo uno de los países más peligroso para visitar este año”.

Y es que promocionar el turismo en un país desgarrado por una guerra que ha acabado con la vida de más de 450.000 personas y ha obligado a abandonar sus hogares a otros cinco millones se antoja, para varios visitantes que han pasado por el stand, “falto de cordura”. Hoy, según la OCHA, más de 13 millones de sirios necesitan ayuda básica y protección en el séptimo invierno desde el inicio del conflicto en marzo de 2011. Además, se calcula que el 69% de la población del país vive en una pobreza extrema.

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