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¿Son fascistas los antifascistas?

Miguel Ángel Quintana Paz

Foto: Wolfgang Rattay
Reuters

El humorista Gila publicó hace años, en la revista La Codorniz, una viñeta donde un padre inquiría astutamente a su hijito: “¿A quién quieres más? ¿A un ogro que te pinche con un alfiler o a papá?”. Aprovechaba ahí el no menos agudo Gila una falacia con que todos nos topamos a menudo, y no solo en los semanarios satíricos: la falacia del falso dilema. Esta consiste en plantear a nuestro interlocutor dos alternativas como si fueran las únicas posibles, cuando en realidad existen otras. “Cariño, ¿sacarás hoy la basura o es que no me quieres?” representa un ejemplo de esa falacia en la vida cotidiana. “O piensas que el islam constituye una religión maravillosa, o es que la odias y eres islamófobo” representa otro ejemplo de falso dilema en la vida política. Se trata de hecho de una falacia tan común que quizá incluso Jesús de Nazaret incurriera en ella al aseverar, según San Mateo (12:30), que “el que no está conmigo está contra mí”; si bien es probable que en otro momento recapacitara hasta el punto de afirmar justo lo contrario (“El que no está contra nosotros, está con nosotros”, Lc 9:50).

Un modo sutil de emplear la falacia del falso dilema es identificar algo malo y creer que, con proponerse como enemigo de ello, uno ya es sin más un dechado de virtud. Comer ratas es sin duda algo que a muchos nos resultaría desagradable, pero ello no significa que engullir veneno antirratas nos fuera a sentar mejor. De igual modo, es legítimo preguntarse si, dado que muchos pensamos que el fascismo es una idea desastrosa, debemos por ello aplaudir a cualquiera que se ponga encima la pegatina de antifascista.

Sin duda hubo antifascistas bien elogiables en la resistencia contra Hitler, Mussolini y demás fascismos de hace décadas, luchadores que pagaron a veces un precio altísimo en tal batalla; pero incluso en aquel tiempo, no lo olvidemos, había entre ellos quien se declaraba antifascista solo porque le complacía más un totalitarismo de signo opuesto, el comunista. Hoy, derrotadas aquellas fascistadas, resulta mucho más barato que entonces decirse antifascista, con lo cual nuestras precauciones habrían de ser mayores a la hora de conceder alguna suerte de privilegio moral a cualquiera que así se pronunciara. Lo anti-malo no es siempre bueno. Que te explote un misil balístico en tu casa debe de ser una experiencia horrenda, pero escasamente preferible a que uno antibalístico actúe igual.

No parece empero que hayamos aprendido esa lección. Y urge que lo hagamos. Hace ya tiempo que autoproclamados grupos antifascistas, hoy presentes tanto en Europa como en Estados Unidos, agreden sañudos en este último país a aquellos que ellos mismos consideran agredibles. En el momento de escribir este artículo, las últimas víctimas de sus apaleamientos lo han sido en la californiana Berkeley; pero en febrero pasado ya sufrió ese mismo escenario universitario sus acometidas. Más al norte, uno de los oasis hípsteres de América, las calles de Portland, llevan semanas padeciendo batallas campales; y no olvidemos que en enero pasado el cambio en la presidencia de la nación se acompañó de vehículos quemados, escaparates rotos, ataques a la policía y más de 230 detenciones. Tampoco hay que pasar por alto que basta con que seas docente y te dispongas a refutar a un colega al que los “antifas” odian (pero tú quieras hacerlo con palabras, mientras ellos prefieren los palos) para que puedas acabar con el cuello torcido en urgencias: así le ocurrió hace poco a la profesora Allison Stanger en el Middlebury College.

Por horrenda que sea toda esta violencia, añade algo a ese horror que comentaristas de allí y de aquí sigan intentando vendernos la cantinela de que los antifascistas, si llevan ese nombre, son por definición bellísimas personas y que, si te opones a un antifascista, es que eres entonces fascista. El reputado comentarista Warren Kinsella sintetizó hace poco esa falacia en un tuit que debería figurar en todos los manuales de retórica como ejemplo paradigmático del falso dilema: “‘Antifa’ es la abreviatura de ‘antifascista’. Los únicos que se deberían oponer a los antifa son los fascistas”, excogitaba.

Tampoco la prensa parece haber captado del todo la amenaza que cualquier grupo violento (llámese fascista, antifascista o Amigos de Blancanieves) supone: el propio Washington Post empezó calificando como “pacífica” la última protesta de Berkeley, si bien las brutales imágenes al final le forzaron a rectificar y cambiar epíteto. En España, por nuestra parte, los periodistas hacen bien en deplorar una y otra vez la presencia de violentos supremacistas, algunos neonazis y otros rufianes de ultraderecha en varias de esas escaramuzas; pero, presas de la falacia del falso dilema, olvidan con frecuencia que al otro lado tienen a menudo antifascistas igualmente violentos. Y que a veces estos no necesitan oponerse a ningún ultraderechista, sino simplemente a alguien que dice algo que no les gusta, para apalizarlo.

De hecho, si atendemos a la ideología que sostienen estos grupos “antifa”, captaremos pronto que la violencia no es solo el método mediante el que persiguen cobrar un protagonismo que no tienen en votos. Bien al contrario, la violencia es simplemente un derivado lógico de su modo de pensar.

No postularé aquí que todos los antifascistas sean concienzudos lectores de filósofos como Georges Sorel o del más sibilino Walter Benjamin, que exaltaron el poder redentor de la violencia en varias de sus páginas. Pero sí es patente que alienta a esos grupos una mezcolanza de pensamiento comunisto-anarquista. Y que de este último componente, el anarquismo, extraen una total desconfianza hacia los métodos legales para condicionar la política (por ejemplo, ganar elecciones y acceder al Gobierno), métodos que sustituyen por su soberana voluntad de castigar a quienes ellos consideran que se lo merecen. Con un par. (De palos; o algunos más).

Debemos a un español, José Antonio Primo de Rivera, una síntesis bien poética de ese modo de pensar. En su discurso para la inauguración de Falange Española en 1933, y tras enumerar los objetivos de esa nueva formación política, José Antonio hablaba sin ambages: “Y queremos, por último”, decía, “que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho (al hablar de ‘todo menos la violencia’) que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria”. Los actuales antifascistas, naturalmente, sustituirían esta última palabra, “patria”, por otra como “los oprimidos” o “la diversidad”; y tampoco usarían la expresión “reaccionar como hombres”, de tono indudablemente heteropatriarcal (postulo que quizá la sustituirían por “reaccionar como persones humanes” o algo así). Además, Falange sí se presentaba a las elecciones, cosa que los “antifa” no. Pero el parecido de este razonamiento “fascista” con el de los “antifascistas” que recurren a puños y otras armas para “convencernos” de sus ideas resulta inesquivable.

Violencia política en las calles, grupos anarquistas insubordinados, grupos fascistas que se les oponen, politización de la universidad, prensa sesgada, discursos que recuerdan a la España de 1933… Estados Unidos va adquiriendo cierto parecido de familia con la Europa de entreguerras. Naturalmente, puesto que la situación económica es hoy apabullantemente mejor que entonces, no parece que haya que temer que todo confluya en los desastres en que desembocó aquella época. Mientras los negocios marchen y los dólares sigan más o menos entrando en los bolsillos, podemos perfectamente contemplar estas batallas culturales como meros fuegos de artificio en el cielo de “las ideas”. A condición, claro está, de no olvidar que la explosión de un fuego artificial puede causar estragos si se lanza contra una muchedumbre.

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Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos

Redacción TO

Foto: Navesh Chitrakar
Reuters

No prestamos demasiada atención a los movimientos de la rotación de la Tierra, pero son más relevantes de lo que el común de los mortales creemos. De vez en cuando, la rotación de la Tierra disminuye algunos milisegundos por día, y esto va a tener un enorme efecto en las vidas de millones de personas alrededor del globo. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha habido 7.574 a escala global en los últimos diez años. Una reciente teoría prevé que esta cifra pegará un importante repunte el próximo 2018.

En un estudio publicado en Geophysical Research Letters a mediados de este año, los científicos Roger Bilham, de la Universidad de Colorado, y Rebecca Bendick, de la Universidad de Montana predicen que, debido a la desaceleración de la rotación de la Tierra, el mundo sufrirá un aumento significativo de grandes terremotos en 2018.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores estudiaron todos los terremotos desde 1900 que registraron una magnitud (según la escala del momento en que sucedieron) de 7,0 o mayor y descubrieron que aproximadamente cada 32 años hay un repunte en estos grandes sismos.

Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos 2
Aproximadamente cada 32 años hay un repunte en grandes sismos en el mundo. | Foto: Kim Hong-Ji / Reuters

El factor común

El estudio revela, asimismo, que el único factor que se correlaciona fuertemente en esta repetición de grandes terremotos es una ligera desaceleración de la rotación de la Tierra en un período de cinco años antes del repunte, algo que ha ocurrido en el último lustro.

En el ecuador, la Tierra gira 460 metros por segundo. Dada esta alta velocidad, no es absurdo pensar que un ligero desajuste en la velocidad entre la corteza sólida y el manto y el núcleo líquido podría traducirse en una fuerza que, de alguna manera, empujaría los temblores a la sincronía.

La mayoría de los sismólogos coinciden en que la predicción de un terremoto es un terreno pantanoso. Y hasta ahora, Bilham y Bendick tan solo tienen ideas difusas y difíciles de probar sobre lo que podría causar el patrón que encontraron. No obstante, el hallazgo es demasiado provocador para ignorarlo, dicen otros investigadores. “La correlación que encontraron es notable y merece una investigación“, dijo Peter Molnar, reconocido geólogo norteamericano, a la revista Science.

La importancia de prevenir

Entonces, ¿es posible predecir los terremotos? Es una pregunta que molesta a los sismólogos, no porque no sea razonable, sino porque los científicos lo han intentado muchas veces y siempre han terminado en fracaso. Incluso después de muchos avances en sismología, como lo expresa Richard Luckett del British Geological Survey, “cuando ocurre un terremoto es esencialmente un evento aleatorio“.

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Los devastadores terremotos de México en este 2017 dejaron centenares de víctimas mortales. | Foto: Nacho Doce / Reuters

Ante la aparente imprevisibilidad de la actividad sísmica, la única solución para evitar grandes desastres como los que sacudieron México hace unos meses es una previsión efectiva. España es un ejemplo claro de la falta de preparación a la hora de afrontar grandes terremotos. La evidencia está en el ocurrido en Lorca en 2011, que tuvo una magnitud de 5,1, y dejó nueve víctimas mortales e innumerables daños materiales. El 75% de las viviendas en España cumple con “poco rigor” la normativa de construcción sismorresistente, y es necesario con “urgencia” rehabilitar edificios para soportar terremotos, según el expresidente de la Asociación Española de Ingeniería Sísmica, Ricardo García Arribas. Por ello, y teniendo en cuenta esta nueva teoría científica, la inversión en una preparación mejor de nuestras infraestructuras y protocolos de actuación puede ser clave ante cualquier catástrofe.

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Toast Ale, la cerveza a base de pan que se rebela contra el despilfarro

Redacción TO

Foto: Lindsey Parnaby
AFP

Cada año terminan en la basura toneladas de pan y una asociación británica ha tomado la determinación de poner fin al derroche con una solución sorprendente: son capaces de transformar el pan en cerveza.

En el condado de Yorkshire, al norte de Inglaterra, una fábrica está acostumbrada a ver cómo llegan kilos de pan duro procedentes de bares y establecimientos de la ciudad. Estos pasan a convertirse en ingredientes de una cerveza que han bautizado como Toast Ale, y que desde 2016 reduce el porcentaje de malta para sustituirlo por pan, todo por encargo de una asociación que lucha contra el despilfarro de alimentos y que se llama Feedback.

La idea nació de Tristram Stuart, fundador de esta asociación, quien se inspiró en los cerveceros belgas que lanzaron la cerveza llamada Babylon. Aquel nombre no fue una coincidencia.

“Me explicaron que los antiguos babilonios inventaron la cerveza para usar panes y granos que de otro modo se habrían perdido. Era el objetivo inicial de la cerveza”, explicó Stuart en una entrevista con la agencia AFP. “Hoy se tiran cantidades industriales de pan en todo el mundo, y las asociaciones de ayuda alimentaria no pueden repartir todo el pan que les ofrecen. Al mismo tiempo, hay esta fiebre en todo el mundo por las cervecerías artesanales”.

Esta circunstancia empujó a Stuart a crear una empresa que uniera a los suministradores con los cerveceros locales, y a su vez con organizaciones caritativas. Desde el primer momento dio una visión internacional al negocio, y el primer paso consistió en hacer de ‘Toast Ale’ un producto de calidad. La primera cerveza que se hizo nació en el programa de televisión del famoso chef británico Jamie Oliver, que se rindió en elogios. Ahora existen cuatro variantes, en función de los gustos de los consumidores. Tienen dos lagers, una Pale Ale y una India Pale Ale, y varios premios a sus espaldas.

Un trabajador de la fábrica, volcando el pan durante el proceso. | Foto: LINDSEY PARNABY/AFP

Su ejemplo ha servido para que otras cervecerías se hayan sumado a su iniciativa. Es el caso de Wiper and True, situada en Bristol, que creó la Bread Pudding, una cerveza fabricada con los mismos métodos y con un sabor que recuerda al famoso postre británico.

En el Reino Unido se han usado ya 9,75 toneladas de pan para producir más de 300.000 botellas de cerveza, vendidas a entre 2,5 y 3 libras la unidad –entre 2,80 y 3,40 euros–, un precio habitual en cervezas artesanales. Es un pequeño paso, pero queda mucho por hacer para reducir el problema del derroche: cerca de la mitad –el 44%– del pan que se produce en el Reino Unido anualmente acaba en la basura. El pan es el alimento que más se tira en ese país.

“Ver lo que ocurre en el mundo es verdaderamente deprimente”, estimó Tristram Stuart. Para ello ha encontrado una solución “deliciosa”. Tan deliciosa que su método se extiende con velocidad y ya se aplica en ciudades como Nueva York, Río y Ciudad del Cabo.

La receta para transformar fue publicada en Internet para que todos puedan iniciarse en la elaboración de cerveza con pan y contribuir a su manera a reducir el problema. “La han descargado ya 16.000 veces, mucha gente la usa”, dijo Tristram Stuart, entusiasmado. Pero ¿qué ocurrirá si se deja de derrochar pan? El fundador de Feedback responde tajante: “Entonces, no tendrá razón de existir”.

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Estados Unidos acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de Internet como lo conocemos?

Ana Laya

Foto: Kyle Grillot
Reuters

Desde el jueves 14 de diciembre Internet ha dejado de ser un servicio público de libre acceso. La norma, aprobada por la mayoría republicana de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos, le ha otorgado a las compañías proveedoras de Internet el poder de modificar las experiencias online de millones de ciudadanos estadounidenses, ya que ahora éstas podrán bloquear páginas o cobrar extra por una mayor calidad del servicio o por el acceso a ciertos contenidos (¿bajo qué criterio? Buena pregunta, la respuesta es tristemente obvia). Esta medida no solo afecta directamente a Estados Unidos sino que además sienta un precedente peligroso para el resto del mundo.

Como explica la web Save the Internet, la neutralidad es el principio básico que siempre ha regido a Internet. Es Internet, tal y como lo conocemos hasta ahora, sin que compañías como AT&T, Comcast y Verizon, en el caso de Estados Unidos, o en un futuro en España: Movistar, Orange y Vodafone, tengan el derecho a decidir a qué contenidos puedes acceder y cómo acceder a ellos. La neutralidad es lo que garantiza que no haya exclusión, que todos, independientemente de que nos conectemos a la red desde un locutorio o desde un iPhone X, tengamos acceso a los mismos contenidos.

La propuesta de revertir las reglas que la misma FCC aprobara en 2015 fue liderada por Ajit Pai, actual Presidente de la FCC nombrado por Donald Trump y ex-abogado corporativo de Verizon. Pai ignoró la presión no sólo de la opinión pública sino también de una gran parte de abogados, legisladores, corporaciones y organizaciones sin fines de lucro. Mientras que parte de los apoyos que logró la polémica discusión online de la propuesta, aparentemente fueron dejados por… ¿zombies?.

La FCC acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de la internet como la conocemos? 1
Sí, el hombre que bebe (siempre) de una taza de Reese’s gigante y le parece una broma graciosísima es el que de momento ha logrado acabar con la neutralidad de la red. | Foto: Aaron P. Bernstein / Reuters.

El argumento de esta mayoría nada silenciosa, entre la que se encuentran los representantes de gigantes como Facebook, Twitter y Amazon, es que esta ley pretende solucionar un problema que no existe y sus consecuencias, en cambio, son peligrosas. “La decisión adoptada por la FCC hoy es decepcionante y dañina”, comentó Sheryl Sandberg, COO de Facebook, “un Internet abierto es clave para nuevas ideas y oportunidades económicas”, agregó.

Werner Vogels, CTO de Amazon, Brad Smith CLO de Microsoft, Alexis Ohanian, cofundador de Reddit, y plataformas como Netflix y Vimeo también expresaron a través de Twitter su rechazo a la decisión de la FCC augurando que este es solo el comienzo de una larga batalla legal.

La FCC acaba con la neutralidad de la red: ¿Es el fin de la internet como la conocemos? 2
Manifestantes congregados frente a la FCC durante las deliberaciones. | Foto: Yuri Gripas / Reuters.

Sí, la neutralidad en la red no es simplemente importante, la neutralidad ES la red. Aquí algunas claves para entender lo que la decisión de la FCC simboliza, implica, permite, prohibe y cómo puede ser revertida:

¿En qué consiste la decisión de la FCC?

Después de una batalla de 10 años sobre el futuro de Internet, en 2015 la FCC adoptó medidas para asegurar la neutralidad de la red basándose en el Título II del Acta de Comunicaciones.

Específicamente, en febrero las compañías proveedoras de Internet fueron recalificadas como “teleoperadores comunes” bajo el Título II, dándole así a la FCC la autoridad de asegurar que compañías como Verizon, AT&T y Comcast no pudieran bloquear, ralentizar o interferir de ninguna manera con el tráfico web (AT&T fue condenada en el pasado por bloquear FaceTime, y en general, los teleoperadores no son empresas que gocen particularmente de buena fama en cuanto a transparencia), preservando así un terreno de juego neutral para todos los involucrados. Estas reglas acompañaron un pico histórico de innovación e inversión online especialmente en Estados Unidos.

Ahora, de acuerdo con la nueva decisión de la FCC, los teleoperadores han dejado de estar calificados bajo ese “Título II”. Esto deja con las manos atadas a la FCC porque retira su capacidad de imponer sanciones a las compañías que decidan, por ejemplo, discriminar la velocidad de transmisión de datos de algunos servicios a su favor. La única regla real que tienen que seguir los proveedores de Internet es anunciar que están haciendo lo que están haciendo. Por ejemplo, si un servicio de streaming pertenece o tiene algún acuerdo con un proveedor, este podría funcionar mejor que otro sin dicho acuerdo. Sin ir muy lejos, HBO, Netflix, Amazon Prime, se verían afectadas a menos que se decidan a pagar un fee, una cuota, o a asociarse (¿a qué costo?) a un teleoperador.

Y si esto afecta a los gigantes del streaming y a los de la redes sociales, está demás decir cómo afectará a los potenciales nuevos emprendedores que quieran triunfar o busquen sencillamente tener algo de presencia online.

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Manifestantes en California a favor de la Net Neutrality. Photo: Kyle Grillot / Reuters.

¿Cómo rechazar la decisión?

El Congreso tiene la potestad de revertir la decisión de la FCC, por eso numerosas entidades como Save the Internet están llamando a los ciudadanos a escribirle a sus representantes en el Congreso para que implementen una ‘moción de desaprobación’. Medida permitida por una ley conocida como Revisión de Acta del Congreso (Congressional Review Act, CRA).

Michael J. Coren afirma en Quartz que el uso de la CRA es probablemente el único camino que podría seguir el Congreso y que, en efecto, en 2017 los republicanos ya se han valido de la misma para rechazar 15 regulaciones impuestas por la Administración Obama, y esta vez por primera vez podría ser usada para salvar una.

El senador de Massachussetts Ed Markey y el representante de Pensilvania, Mike Doyle, ambos demócratas, ya han comunicado sus planes de aplicar la CRA para que se discuta la decisión de la FCC en el Congreso. Si la moción pasa y recibe la firma del presidente, la decisión de la FCC sería rechazada, el orden abierto de Internet de la era Obama sería reinstaurado y cualquier decisión similar de la FCC tendría que tener aprobación previa del Congreso.

La Administración Trump está haciendo todo lo posible para acallar a las voces disidentes, señala Save the Internet. “Si perdemos la neutralidad de la red, lo habrá logrado”, sentencia.

¿Afectará esta medida a Europa?

Michael McLoughlin señala en El Confidencial que por aquí Internet seguirá siendo igual, por lo menos hasta nuevo aviso, y que “el pasado año la UE dio luz verde a una serie de directrices emitidas por el Berec, la máxima autoridad comunitaria a la hora de regular las telecomunicaciones en el Viejo Continente”. Las regulaciones publicadas por Berec el 16 de agosto para proteger Internet son hasta la fecha, según el grupo Save the Internet Europe, fuertes y representan una victoria avasallante de la neutralidad.

Sin embargo, añade McLoughlin, las consecuencias de la votación de la FCC pueden sentirse en Europa, ya que plataformas como Netflix o HBO son globales, y “si una de estas plataformas se ve afectada en un mercado tan importante como EEUU esto podría conllevar, por ejemplo, una subida de precios o la restricción de algunos servicios debido a menores capacidades de transmisión”.

Por otra parte, Saurabh Singh, en India Today señala que aunque técnicamente la medida aplicada en Estados Unidos no debería tener demasiado impacto, considerando que Internet es una entidad con menos fronteras que los mercados financieros o de bienes, los expertos de la industria creen que sus efectos se harán sentir en muchos otros países, incluida, en este caso, India. No será inmediatamente, señala, pero será pronto (¿y será para siempre?).

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Trabajar en un café con internet gratis (de manera medianamente eficiente) puede convertirse en un recuerdo lejano. | Foto: Brendan McDermid / Reuters.

¿Cómo te puede afectar a ti?

Un buen ejemplo de los cambios que podrían suceder ahora que las compañías teleoperadoras se ven empoderadas frente a los individuos es que Internet empiece a funcionar como lo hace la televisión por cable. Los teleoperadores podrían empezar a vender Internet por paquetes, uno básico sin costes adicionales, que incluya Wikipedia y Google, por decir algo, y otro premium que incluya acceso a redes sociales, y así.

Ro Khanna, representante del Congreso por el Distrito 17 de California (donde está Silicon Valley) ha mostrado el modelo portugués como ejemplo de lo que podría y no debería suceder.

Otra gran preocupación es que sin reglas que prohiban el acceso prioritario prepago a grandes compañías a Internet de alta velocidad, los pequeños negocios, las startups innovadoras pero sin un mecenas millonario, los estudiantes, las bibliotecas públicas y cualquier usuario con menor poder adquisitivo, serán relegados al “canal lento” de Internet.

Si bien, como argumentaba Farhad Manjoo en el New York Times el pasado noviembre, internet como lo conocemos está agonizando, ya que las grandes compañías como Apple, Facebook, Google, Microsoft y Amazon ya controlan “gran parte de la infraestructura online, desde las app stores hasta los sistemas operativos y la nube para almacenar contenidos”, la desaparición de lo que queda de neutralidad, no ayuda para nada. En todo caso introduce un nuevo gigante en la ecuación: los teleoperadores.

Si las reglas de juego ya no eran particularmente justas, en este escenario son directamente absurdas. Este, por suerte, parece no ser el capítulo final de esta historia.

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