The Objective
Andalucía

Cuenta atrás para la Verja: Interior acelera el desmontaje de los controles con Gibraltar

El desmantelamiento de las infraestructuras avanza a pocas semanas del nuevo marco entre la UE y Reino Unido

Cuenta atrás para la Verja: Interior acelera el desmontaje de los controles con Gibraltar

Imágenes de la frontera entre España y Gibraltar. | Francisco J. Olmo (EP)

La desaparición de la Verja de Gibraltar comienza su cuenta atrás. A menos de tres semanas de la entrada en vigor provisional del nuevo marco de relación entre la Unión Europea y Reino Unido sobre el Peñón, las máquinas trabajan a ambos lados de la frontera y la población local observa, entre la expectación y el escepticismo, cómo uno de los símbolos más reconocibles del Campo de Gibraltar comienza a desaparecer.

El objetivo es que el próximo 15 de julio el paso fronterizo terrestre deje de funcionar como hasta ahora. Para ello, el Ministerio del Interior y las autoridades gibraltareñas han intensificado en las últimas semanas el desmantelamiento de las infraestructuras aduaneras y de control que durante décadas han marcado el tránsito diario entre La Línea de la Concepción (Cádiz) y Gibraltar.

Obras a contrarreloj

Las actuaciones son ya visibles sobre el terreno. Según ha presenciado THE OBJECTIVE, operarios trabajan en la retirada de marquesinas, casetas y otros elementos vinculados al control fronterizo, especialmente durante el horario nocturno para minimizar tener un impacto sobre el intenso tráfico diario de trabajadores y vehículos que cruza la zona cada día.

España, por su parte, está adecuando nuevas dependencias para Policía Nacional y Guardia Civil, que asumirán nuevas funciones una vez desaparezcan los controles terrestres en la propia Verja.

La desaparición de la Verja no equivale a la supresión de la frontera jurídica, sino que dejará de existir físicamente como frontera visible. A partir de mitad de julio, la demarcación terrestre se convertirá en un límite invisible y los controles aduaneros y de pasaportes del espacio Schengen se trasladarán al puerto y al aeropuerto de Gibraltar. España asumirá de manera directa la responsabilidad de efectuar los controles fronterizos Schengen de entrada y salida al suelo comunitario.

Los trabajos se desarrollan a gran velocidad, aunque sobre el terreno persiste la incertidumbre sobre si todo estará completamente finalizado en la fecha prevista. Entre vecinos, trabajadores transfronterizos e incluso algunos agentes destinados en la zona se repite una misma palabra: cautela.

Un cambio que afectará a miles de trabajadores

Cada jornada, alrededor de 15.000 trabajadores cruzan el paso fronterizo para acudir a sus puestos de trabajo en Gibraltar, la mayoría de ellos residentes en España. Este volumen de empleados representa el 50% de la fuerza laboral activa del Peñón. Las colas, especialmente en horas punta o durante periodos de mayor tensión política, forman parte desde hace años de la rutina de miles de familias de ambos lados.

La supresión de los controles terrestres ya se ha colado en la conversación de la calle. Se espera que los cruces sean más ágiles, aunque nadie da aún plazos cerrados. Comerciantes y empleados confían en que la nueva situación contribuya a reforzar la actividad económica y la fluidez en las relaciones transfronterizas.

No obstante, junto al optimismo, todavía no está claro cómo funcionará en la práctica. En La Línea existe preocupación por el posible impacto sobre la movilidad urbana y el mercado inmobiliario, mientras algunos sectores no terminan de ver claro el impacto real.

Las dudas económicas que rodean el acuerdo

Entre el tejido empresarial del Campo de Gibraltar y del propio Peñón predomina un sentimiento de prudencia. Organizaciones comerciales gibraltareñas consideran que el acuerdo aporta estabilidad frente al escenario de un «no acuerdo» tras el Brexit, aunque advierten de que persisten importantes incógnitas sobre el funcionamiento práctico del nuevo sistema aduanero y fiscal.

Los empresarios consultados avisan de que la falta de instrucciones definitivas sobre algunos procedimientos, así como la adaptación a los nuevos mecanismos de control y tributación, podría provocar retrasos logísticos y dificultades operativas durante las primeras semanas de aplicación del nuevo marco.

El sector reclama una mayor claridad por parte de las autoridades para evitar interrupciones en la cadena de suministro y advierte de que la ausencia de directrices sobre el nuevo impuesto sobre transacciones y los futuros controles aduaneros dificulta ya la planificación de pedidos y precios. Los comerciantes gibraltareños advierten de que algunos sectores podrían asumir incrementos de costes de hasta el 17% con la implantación del nuevo sistema tributario previsto en el acuerdo si no se ajustan los procedimientos a tiempo. 

La sensación de cambio ya ha comenzado

Más allá de las implicaciones políticas y económicas, el fin de la Verja tiene una enorme carga simbólica para quienes han vivido durante décadas bajo la influencia de esta frontera.

Aún se recuerda en el Campo de Gibraltar el cierre de 1969, que mantuvo incomunicadas a muchas familias hasta la reapertura del paso años después. Entre quienes lo vivieron o lo han escuchado de primera mano, siguen presentes las historias de separaciones prolongadas y de trabajadores obligados a reorganizar su vida cotidiana.

Muchos vecinos perciben la desaparición física de la infraestructura como un acontecimiento histórico que trasciende la política y afecta directamente a la convivencia diaria entre dos comunidades estrechamente vinculadas a ambos lados de la frontera.

Pendientes del último paso político

El nuevo acuerdo entre Gibraltar y la Unión Europea aún tiene que completar los últimos trámites antes de entrar en vigor provisional, en un contexto político marcado ahora por la incertidumbre tras el retraso de la cumbre entre la UE y el Reino Unido prevista para este mes.

Publicidad