Israel ante la guerra con Irán
Impacto interno, conflicto con los palestinos y tensiones diplomáticas con España

Banderas. | Cuadernos FAES
El presente artículo aborda tres dimensiones clave: el impacto de la guerra en la política y la economía israelí, su relación con el conflicto palestino y las tensiones diplomáticas surgidas entre España e Israel. A través de ellas, se pretende ofrecer una visión integrada de un fenómeno complejo, caracterizado por la superposición de intereses estratégicos, narrativas políticas y dinámicas internas de los distintos actores implicados.
La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán constituye uno de los episodios más significativos de inestabilidad internacional reciente, con implicaciones que trascienden el ámbito estrictamente regional. Este conflicto no solo afecta al equilibrio de poder en Oriente Próximo, sino que incide directamente en la política interna israelí, reconfigura dinámicas del conflicto con los palestinos y genera tensiones diplomáticas en escenarios aparentemente alejados, como el europeo. En este contexto, el análisis de sus efectos exige una aproximación multidimensional que tenga en cuenta tanto los factores estructurales como las dinámicas coyunturales.
No obstante, conviene subrayar desde el inicio las limitaciones inherentes a cualquier análisis de un conflicto en curso. La información disponible es necesariamente parcial, fragmentaria y, en muchos casos, condicionada por los intereses de quienes la producen y difunden. Los datos proceden de fuentes diversas —instituciones, medios de comunicación, centros de análisis— que responden a contextos políticos, culturales e ideológicos específicos. Por ello, el ejercicio analítico exige no solo la recopilación de información, sino también su interpretación crítica, atendiendo a las posibles motivaciones subyacentes.
«Si bien el conflicto ha generado un elevado nivel de apoyo a la operación militar entre la población judía, los datos disponibles muestran también importantes divisiones políticas, tanto entre distintos sectores de la sociedad como entre el gobierno y la oposición»
En este sentido, alcanzar una aproximación objetiva requiere contrastar fuentes, identificar sesgos y reconocer que muchas de las afirmaciones realizadas deben entenderse como aproximaciones provisionales. La prudencia analítica resulta especialmente necesaria en un entorno en el que los acontecimientos evolucionan rápidamente y donde nuevas informaciones pueden alterar sustancialmente la comprensión de los hechos.
Por tanto, más que ofrecer conclusiones definitivas, este trabajo pretende contribuir a un análisis informado y matizado, abierto a revisión a medida que se disponga de nuevos datos y perspectivas. En un contexto marcado por la incertidumbre y la complejidad, la cautela no es una limitación, sino una condición necesaria para un análisis riguroso.
Israel ante la guerra de Irán
1. Política interna: cohesión política, papel del gobierno y percepción de seguridad
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha tenido importantes repercusiones en la política interna israelí. Si bien el conflicto ha generado un elevado nivel de apoyo a la operación militar entre la población judía, los datos disponibles muestran también importantes divisiones políticas, tanto entre distintos sectores de la sociedad como entre el gobierno y la oposición. Al mismo tiempo, la percepción de seguridad nacional y la confianza en las instituciones militares y políticas se han convertido en elementos centrales del debate interno.
Cohesión y polarización política
Las encuestas realizadas en Israel en los meses previos y días posteriores al inicio de la guerra muestran una evolución significativa de la opinión pública respecto a una posible confrontación con Irán. En enero de 2026, antes del inicio del conflicto, la sociedad israelí se encontraba prácticamente dividida sobre la conveniencia de participar directamente en un ataque contra Irán. En ese momento, el 50 % de los encuestados consideraba que Israel debía intervenir únicamente si el país era atacado directamente, mientras que un 44 % apoyaba una participación militar conjunta con Estados Unidos desde el inicio del conflicto1.
Esta división reflejaba diferencias ideológicas claras. Mientras que la izquierda y el centro se inclinaban mayoritariamente por una postura defensiva –participar solo en caso de ataque iraní–, entre los sectores más conservadores predominaba el apoyo a una intervención militar directa2.
Sin embargo, el inicio de la operación militar israelí contra Irán, denominada Operación Roaring Lion, provocó un cambio sustancial en el apoyo público. En los primeros días de la guerra, una amplia mayoría de la población judía (93%) expresó su apoyo a la operación, aunque el respaldo fue mucho menor entre los ciudadanos árabes de Israel, de los cuales solo un 26% se mostraba favorable3. Este apoyo mayoritario se mantuvo relativamente estable durante las primeras semanas del conflicto. Tras doce días de operaciones militares, el apoyo entre los ciudadanos judíos se situaba todavía en torno al 92,5%, aunque se observaba un ligero descenso en el número de quienes manifestaban un respaldo «muy fuerte» a la guerra4.
A pesar de este consenso inicial, la guerra no ha eliminado completamente las divisiones políticas internas. Las diferencias ideológicas siguen siendo evidentes en cuestiones como los objetivos finales del conflicto. Mientras que una mayoría de los sectores conservadores considera que la operación debe continuar hasta lograr tanto los objetivos militares —destruir las capacidades nucleares y balísticas de Irán— como un objetivo político más ambicioso, como el derrocamiento del régimen iraní, los sectores de izquierda muestran mayor preferencia por limitar la operación a objetivos estrictamente militares5.
«Una clara mayoría de la población israelí considera que la decisión de atacar objetivos iraníes fue correcta. Cerca del 75 % afirmó que la ofensiva contra Irán había sido una decisión adecuada, y aproximadamente el 65 % que podría mejorar la situación estratégica de Israel a largo plazo»
Estas divergencias también se reflejan en el debate político entre el gobierno y la oposición. Por ejemplo, la expansión de la ofensiva militar israelí contra Hizbulá en el sur del Líbano provocó reacciones distintas entre los partidos opositores. Mientras que el líder centrista Benny Gantz respaldó una línea más dura frente a Hizbulá, el dirigente del partido The Democrats, Yair Golan, advirtió contra el riesgo de una guerra prolongada y defendió la necesidad de explorar soluciones diplomáticas antes de ampliar el conflicto6.
El papel del gobierno y la dinámica política interna
La guerra también ha tenido implicaciones directas para la posición política del gobierno de Benjamín Netanyahu. Desde el punto de vista electoral, diversas encuestas sugieren que el conflicto no ha provocado un cambio drástico en el equilibrio político interno del país. Según un sondeo publicado en febrero de 2026, el partido Likud mantendría aproximadamente 27 escaños en caso de celebrarse elecciones en ese momento, seguido por el partido del ex primer ministro Naftali Bennett con alrededor de 20 escaños. No obstante, incluso en ese escenario el bloque opositor seguiría manteniendo una mayoría parlamentaria potencial cercana a los 70 escaños7.

Los datos de encuestas electorales más recientes reflejan igualmente una gran volatilidad en la correlación de fuerzas entre bloques políticos. Por ejemplo, un sondeo realizado a comienzos de marzo de 2026 estimaba que el bloque gubernamental podría alcanzar hasta 66 escaños frente a 41 para la oposición, mientras que otras encuestas realizadas prácticamente en las mismas fechas mostraban un escenario diferente, con 59 escaños para la oposición frente a 51 para el bloque gubernamental o 57 frente a 53, respectivamente8.
Estas diferencias entre sondeos reflejan un panorama político altamente fragmentado y competitivo, en el que ningún bloque parece capaz de consolidar una ventaja clara a pesar del contexto de guerra. En este sentido, varios análisis apuntan a que el conflicto con Irán no ha generado el tradicional efecto rally around the flag que en ocasiones fortalece electoralmente a los gobiernos durante conflictos armados9. No obstante, dentro del propio gobierno se ha planteado la posibilidad de aprovechar el contexto del conflicto para adelantar las elecciones. Según declaraciones de la ministra del Likud, Gila Gamliel, el ejecutivo podría considerar convocar elecciones anticipadas tras el final de la campaña militar contra Irán con el objetivo de capitalizar políticamente los logros obtenidos durante la guerra10.
«La expansión de la ofensiva israelí en el sur del Líbano provocó reacciones distintas entre los partidos opositores. Mientras Gantz respaldó una línea más dura frente a Hizbulá, Yair Golan advirtió contra el riesgo de una guerra prolongada y defendió explorar soluciones diplomáticas»
Percepción de seguridad nacional
Otro de los aspectos centrales de la política interna israelí durante la guerra ha sido la percepción de seguridad nacional entre la población. Las encuestas muestran que, a pesar de los ataques iraníes, una mayoría significativa de ciudadanos judíos afirma sentirse relativamente protegida. En los primeros días del conflicto, aproximadamente el 74% de los ciudadanos judíos declaraba sentirse protegido frente a los ataques iraníes, cifra que aumentó hasta el 79% tras casi dos semanas de operaciones militares11.
La percepción de seguridad también está vinculada a la confianza en las instituciones militares. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) siguen siendo una de las instituciones con mayor nivel de confianza entre la población. Según una encuesta publicada durante el conflicto, alrededor del 80 % de los israelíes confía en el mando militar, mientras que el nivel de confianza en el gobierno es significativamente menor, situándose en torno al 54%12.
A pesar de estas diferencias en la confianza institucional, una clara mayoría de la población considera que la decisión de atacar objetivos iraníes fue correcta. En la misma encuesta, cerca del 75 % de los israelíes afirmó que la ofensiva contra Irán había sido una decisión adecuada, y aproximadamente el 65 % opinó que la guerra podría mejorar la situación estratégica de Israel a largo plazo13. Si se miran en su totalidad, estos datos sugieren que la guerra ha reforzado temporalmente el consenso en torno a la necesidad de garantizar la seguridad nacional, aunque sin eliminar completamente las tensiones políticas internas ni las diferencias ideológicas sobre la estrategia militar a seguir.
2. Impacto económico
La contienda bélica en Irán ha tenido también consecuencias económicas significativas, afectando tanto a las finanzas públicas como a sectores clave de la economía israelí. No obstante, los datos disponibles muestran una combinación de presión fiscal creciente y una notable capacidad de adaptación, especialmente en el sector tecnológico.
Gasto militar y presión fiscal
Uno de los efectos más inmediatos del conflicto ha sido el aumento del gasto público, especialmente en el ámbito de la defensa. El gobierno israelí ha aprobado incrementos sustanciales del presupuesto, incluyendo decenas de miles de millones de shekels adicionales destinados tanto a operaciones militares como a necesidades civiles derivadas de la guerra14. En esta línea, el parlamento israelí ha avanzado medidas para ampliar el déficit presupuestario, elevándolo hasta aproximadamente el 5,1 %, con el objetivo de financiar el esfuerzo bélico15.
Este aumento del gasto se ha visto acompañado de ajustes políticos y presupuestarios. Por ejemplo, el gobierno ha considerado suspender determinadas iniciativas legislativas –como la exención del servicio militar para la población ultraortodoxa– para redirigir recursos hacia la financiación de la guerra16. Al mismo tiempo, el ejecutivo ha aprobado partidas adicionales de gasto, incluyendo fondos de coalición que han generado controversia política por su asignación en un contexto de guerra17. Todas estas medidas reflejan una tendencia hacia una mayor presión sobre las cuentas públicas, con el consiguiente aumento del déficit y del endeudamiento estatal, lo que podría tener implicaciones a medio plazo para la estabilidad fiscal del país.
Impacto en mercados, inversión y actividad económica
La guerra también ha tenido efectos directos sobre la actividad económica cotidiana. La situación de seguridad ha provocado interrupciones en sectores clave, especialmente en el ámbito laboral y educativo. El cierre prolongado de escuelas en varias ciudades ha obligado a muchas familias a reorganizar su actividad laboral, reduciendo la productividad en determinados sectores18. Asimismo, universidades y centros educativos han considerado iniciar sus actividades en formato online debido a la situación de seguridad, lo que refleja el impacto estructural del conflicto en la organización económica y social19.
«Uno de los efectos más inmediatos del conflicto ha sido el aumento del gasto público, especialmente en el ámbito de la defensa. El gobierno israelí ha aprobado incrementos sustanciales del presupuesto, incluyendo decenas de miles de millones de shekels adicionales»
Las restricciones derivadas de la guerra, incluyendo el cierre de centros educativos y las limitaciones de movilidad, también han afectado indirectamente al mercado laboral, reduciendo la disponibilidad de trabajadores en algunos sectores y dificultando la actividad empresarial. Sin embargo, a pesar de estas disrupciones, la economía israelí muestra signos de resiliencia. La continuidad de determinadas decisiones presupuestarias –como la retirada de medidas controvertidas del presupuesto para facilitar su aprobación– indica un intento del gobierno de mantener la estabilidad económica en un contexto de crisis20.
Sector tecnológico y defensa
El sector tecnológico israelí, uno de los pilares fundamentales de la economía del país, ha demostrado una notable capacidad de adaptación durante el conflicto. A pesar de los ataques con misiles y las condiciones de seguridad adversas, las empresas tecnológicas han continuado desarrollando y lanzando nuevos productos. Un ejemplo significativo es el caso de la empresa D-ID, que lanzó una nueva herramienta de inteligencia artificial mientras el país se encontraba bajo ataques, incluso después de que un misil impactara a escasa distancia de sus oficinas21.
Además, la guerra ha impulsado la innovación en aplicaciones relacionadas con la seguridad y la vida cotidiana en contextos de conflicto. Se ha observado un aumento en el desarrollo de aplicaciones móviles destinadas a alertar sobre ataques, localizar refugios o facilitar la comunicación en situaciones de emergencia, lo que pone de relieve la intersección entre tecnología y seguridad nacional22. Por otro lado, el sector de defensa se ha visto directamente reforzado por el conflicto. El aumento del gasto militar y la necesidad de desarrollar nuevas capacidades defensivas han generado un entorno favorable para la industria militar y las startups vinculadas a la defensa, consolidando el papel de este sector como motor económico en tiempos de guerra23.
Turismo y comercio
El impacto de la guerra también ha sido especialmente significativo en el sector turístico, tanto en Israel como en el conjunto de Oriente Próximo. La escalada del conflicto ha provocado un deterioro rápido de la actividad turística debido a factores como el cierre del espacio aéreo, la cancelación de vuelos y la caída de la confianza de los viajeros.

Según estimaciones del World Travel & Tourism Council, el conflicto está generando pérdidas de aproximadamente 600 millones de dólares diarios en gasto turístico internacional en la región24. Estas pérdidas están directamente relacionadas con la disrupción del transporte aéreo y la reducción de la conectividad regional, elementos clave en un área que actúa como nodo central del tráfico internacional. Además, el conflicto ha provocado la suspensión de rutas aéreas y el cierre de aeropuertos en varios países de la región, lo que ha dejado a miles de viajeros afectados y ha reducido drásticamente el flujo turístico25.
La incertidumbre generada por la guerra también ha llevado a una caída generalizada de la demanda turística, afectando a aerolíneas, hoteles y operadores turísticos, así como al comercio vinculado a este sector. Todo ello refleja el fuerte impacto del conflicto sobre una de las principales fuentes de ingresos de la región, con efectos que podrían prolongarse más allá del propio desarrollo de la guerra.
«Las restricciones derivadas de la guerra, incluyendo el cierre de centros educativos y las limitaciones de movilidad, también han afectado indirectamente al mercado laboral, reduciendo la disponibilidad de trabajadores en algunos sectores y dificultando la actividad empresarial»
3. Política exterior
Esta guerra no solo ha transformado la dinámica interna del Estado israelí, sino que también ha tenido una repercusión significativa en su política exterior. El conflicto ha reforzado algunas alianzas estratégicas, al tiempo que ha evidenciado tensiones y divergencias tanto con socios tradicionales como con actores regionales. En este contexto, el alineamiento con Estados Unidos, las relaciones con la Unión Europea y la posición de los países árabes reflejan un escenario internacional caracterizado por la fragmentación y la incertidumbre.
Alineamiento con Estados Unidos
La relación entre Israel y Estados Unidos ha sido uno de los pilares fundamentales de la política exterior israelí durante el conflicto. La guerra contra Irán se ha desarrollado en estrecha coordinación con Washington, tanto en el plano militar como en el estratégico26. No obstante, diversas fuentes señalan que, aunque la cooperación es sólida, no está exenta de tensiones. Existen diferencias en los objetivos estratégicos de ambos países, especialmente en lo relativo al alcance de la operación y a las consecuencias regionales del conflicto27.
Asimismo, el conflicto ha puesto de manifiesto el papel central de Estados Unidos como actor global, con implicaciones que van más allá de Oriente Medio. Algunos análisis destacan que la guerra está reconfigurando la postura militar estadounidense a nivel global, afectando incluso a su estrategia en el Indo-Pacífico y a su competencia geopolítica con China28. Sin embargo, esta implicación estadounidense no ha implicado un alineamiento automático de sus aliados. La OTAN, por ejemplo, no ha participado directamente en el conflicto, lo que refleja las limitaciones del apoyo internacional a la estrategia estadounidense en este caso29.
Por el momento, la guerra ha reforzado la centralidad de la alianza entre Israel y Estados Unidos, pero también ha evidenciado sus límites y las divergencias existentes en torno a la gestión del conflicto y sus consecuencias.

Relaciones con la Unión Europea
La respuesta de la Unión Europea a la guerra entre Israel e Irán se ha caracterizado por una notable falta de cohesión interna. Diversos análisis coinciden en señalar que los Estados miembros han adoptado posiciones divergentes, lo que ha dificultado la articulación de una estrategia común30. En términos generales, la UE ha optado por una postura prudente, basada en llamamientos a la contención, el respeto del derecho internacional y la evitación de una escalada regional31.
«La guerra ha reforzado la centralidad de la alianza entre Israel y Estados Unidos, pero también ha evidenciado sus límites y las divergencias existentes en torno a la gestión del conflicto y sus consecuencias»
Sin embargo, esta posición ha sido objeto de críticas desde distintos frentes. Por un lado, desde Irán se ha acusado a la UE de falta de firmeza o de ambigüedad ante la intervención militar estadounidense e israelí32. Por otro lado, dentro de la propia Europa han surgido divisiones políticas significativas. Sectores de la izquierda europea han criticado a las instituciones comunitarias por no condenar de forma más contundente la operación militar, mientras que otros gobiernos han mostrado mayor cercanía a la posición estadounidense33. Además, algunos análisis subrayan que la UE ha quedado en gran medida al margen de la gestión del conflicto, reflejando su limitada capacidad para influir en la dinámica de seguridad en Oriente Próximo. En ellos se destaca que la guerra ha puesto de relieve las debilidades estructurales de la política exterior europea, caracterizada por la fragmentación interna y la dificultad para actuar como un actor geopolítico unificado34.
Relaciones con los países árabes
La posición de los países árabes, especialmente de los Estados del Golfo, constituye uno de los elementos más complejos del escenario regional. La guerra ha obligado a estos países a equilibrar intereses contradictorios, combinando la preocupación por la amenaza iraní con la cautela ante una escalada del conflicto. Tradicionalmente, muchos Estados del Golfo han mantenido una política de “neutralidad cautelosa”, evitando alinearse plenamente con ninguna de las partes y tratando de preservar la estabilidad regional. Sin embargo, el conflicto actual ha puesto en cuestión esta estrategia35.
El impacto directo de la guerra –incluyendo ataques a infraestructuras energéticas y la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz– ha incrementado la percepción de vulnerabilidad de estos países, obligándolos a reconsiderar sus estrategias de seguridad. Por ello, algunos analistas han planteado la posibilidad de avanzar hacia una mayor cooperación regional en materia de defensa, incluyendo potenciales alianzas entre Estados árabes, Estados Unidos e incluso Israel. No obstante, esta opción genera importantes controversias.
«La respuesta de la Unión Europea a la guerra entre Israel e Irán se ha caracterizado por una notable falta de cohesión interna. Los Estados miembros han adoptado posiciones divergentes, lo que ha dificultado la articulación de una estrategia común»
Por un lado, existe un reconocimiento creciente de la amenaza que representa Irán para la estabilidad regional. Por otro, persiste una fuerte oposición social y política a la cooperación con Israel, especialmente debido al conflicto con los palestinos. Este fenómeno ha sido descrito como una “disonancia cognitiva” entre el rechazo a las políticas israelíes y la preocupación por la seguridad frente a Irán. Además, algunos actores en la región perciben la alianza entre Estados Unidos e Israel com o un factor desestabilizador, al considerar que puede arrastrar a los países árabes a un conflicto que no desean y aumentar su exposición a represalias iraníes36. Por lo tanto, la posición de los países árabes se caracteriza por un equilibrio pragmático: mantener relaciones abiertas con múltiples actores –incluidos Estados Unidos, Irán e Israel– sin comprometerse plenamente con ninguno de ellos. Esta estrategia refleja tanto la complejidad del entorno regional como la prioridad otorgada a la estabilidad interna y económica de estos Estados.
El conflicto palestino en el contexto de la guerra
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán también ha tenido un impacto significativo en el conflicto entre israelíes y palestinos, tanto en el terreno como en el ámbito diplomático. Aunque el enfrentamiento con Irán ha desplazado parcialmente la atención internacional, la situación en Gaza y Cisjordania sigue siendo crítica, con dinámicas propias que se ven intensificadas por el nuevo contexto regional.
1. Situación actual del conflicto
Gaza
La Franja de Gaza continúa siendo uno de los principales focos de tensión. A pesar de una cierta reducción relativa en la intensidad de los ataques en algunos momentos, la violencia no ha cesado completamente y sigue provocando víctimas y destrucción37. Al mismo tiempo, la situación humanitaria se ha deteriorado debido a las restricciones en la entrada de ayuda y a la interrupción de servicios esenciales. El cierre de pasos fronterizos clave, como Kerem Shalom, ha dificultado el suministro de bienes básicos y asistencia humanitaria38.
Asimismo, la guerra con Irán ha afectado directamente a la capacidad de evacuación médica de los heridos, agravando la crisis sanitaria en el enclave39. Diversos organismos internacionales han alertado sobre la gravedad de la situación humanitaria, subrayando la necesidad de garantizar el acceso a ayuda y la protección de la población civil40.
Cisjordania
En Cisjordania, el conflicto también ha experimentado un aumento de la tensión. Se ha registrado un incremento de la violencia, incluyendo ataques por parte de colonos israelíes y operaciones militares, lo que ha contribuido a un deterioro de la seguridad en la región41.
Algunos estudios señalan que la guerra con Irán ha servido como un contexto que facilita la intensificación de estas dinámicas, al reducir la atención internacional sobre la situación en este territorio42. Además, las políticas de expansión de asentamientos han sido objeto de críticas por parte de diversos actores internacionales, incluyendo líderes europeos como el canciller alemán, que consideran estas medidas un obstáculo para la estabilidad regional43.
2. Influencia de Irán
La guerra también ha constatado el papel de Irán como actor clave en el conflicto entre israelíes y palestinos. Teherán mantiene vínculos con grupos terroristas como Hamás, a los que proporciona apoyo político y, según diversas fuentes, también respaldo material y estratégico44. En este sentido, se ha podido apreciar cómo Hamás ha intensificado sus llamamientos a Irán para ampliar la confrontación regional, incluso solicitando la apertura de múltiples frentes en Oriente Próximo45. Sin embargo, también se han producido señales de tensión dentro de esta relación, con llamamientos a moderar determinadas acciones para evitar una escalada regional que afecte a otros países árabes46.
Por otra parte, esta nueva contienda ha hecho más evidente que la implicación de Irán refuerza la dimensión regional del conflicto entre israelíes y palestinos, conectándolo con otras dinámicas geopolíticas en Oriente Medio. La guerra ha contribuido a integrar el conflicto palestino en un escenario más amplio de rivalidad entre potencias regionales, donde otros grupos terroristas como Hezbolá desempeñan un papel indirecto47. Además, la paralización de iniciativas diplomáticas y procesos de paz debido al conflicto con Irán refleja el impacto de la guerra en la agenda internacional, dificultando los esfuerzos de resolución del conflicto entre israelíes y palestinos48.
España, Israel y la crisis diplomática
Finalmente, este nuevo enfrentamiento en Irán ha intensificado de manera notable las tensiones diplomáticas entre España e Israel, en un contexto ya deteriorado por desacuerdos previos sobre el conflicto en Gaza. La posición adoptada por el gobierno español, especialmente crítica con la intervención militar, no solo ha contribuido a una escalada de fricciones bilaterales, sino que también ha sido interpretada por diversos expertos como parte de una estrategia de política exterior con importantes implicaciones en el ámbito interno.
1. Posición del gobierno español
Postura ante el conflicto
Desde el inicio de la guerra, el gobierno español ha adoptado una postura claramente crítica hacia la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, denunciando los riesgos de escalada regional y apelando al respeto del derecho internacional49. Sin embargo, esta posición ha sido interpretada por algunos análisis como parte de un reposicionamiento estratégico que responde no solo a consideraciones de política exterior, sino también a dinámicas internas. En este sentido, expertos subrayan que determinados gobiernos europeos, entre ellos España, han utilizado el conflicto para reforzar su perfil político doméstico, especialmente en contextos de polarización interna50.
La actuación del Ejecutivo español también ha mostrado ciertas contradicciones. Mientras que el discurso oficial ha sido marcadamente crítico con la intervención militar, algunas informaciones apuntan a la existencia de cooperación o disposición a colaborar en el marco de alianzas estratégicas con Estados Unidos51. Esta ambivalencia refleja la tensión entre, por un lado, la voluntad de proyectar una política exterior autónoma y crítica, y por otro, la necesidad de mantener compromisos estratégicos dentro del bloque occidental.
Asimismo, el posicionamiento del gobierno español se ha visto influido por factores internos, incluyendo la opinión pública. Diversas encuestas reflejan un fuerte rechazo social hacia la política estadounidense en el conflicto, lo que podría haber incentivado una línea discursiva más confrontativa52.
Declaraciones oficiales
Las declaraciones oficiales del gobierno han sido especialmente contundentes, con reiteradas críticas a la intervención militar y a las acciones israelíes en la región. El ministro de Asuntos Exteriores ha justificado decisiones diplomáticas relevantes señalando la existencia de «insultos constantes» por parte del gobierno israelí53.
No obstante, el tono de estas declaraciones ha sido percibido por algunos actores como excesivamente confrontativo y poco orientado a la gestión pragmática de una relación bilateral compleja. En este sentido, la retórica empleada podría haber contribuido a agravar la crisis diplomática, en lugar de contenerla. Además, el protagonismo asumido por el presidente del Gobierno en el debate europeo –especialmente como una de las voces más críticas hacia Estados Unidos– ha sido interpretado como un intento de reforzar su perfil político tanto a nivel internacional como interno54.
2. Crisis diplomática reciente
El deterioro de las relaciones bilaterales alcanzó un punto crítico con la decisión de España de retirar de forma permanente a su embajadora en Israel, reduciendo el nivel de representación diplomática55. Aunque esta medida ha sido presentada como una respuesta a la actitud del gobierno israelí, también puede interpretarse como un gesto político de alto impacto simbólico, con escaso margen de reversibilidad a corto plazo56. En este sentido, la decisión ha sido vista por algunos analistas como una escalada deliberada en el conflicto diplomático, que responde tanto a la dinámica bilateral como a la lógica de posicionamiento político interno.
Por otra parte, la reacción de Israel ha sido igualmente contundente, con críticas directas a la postura española y cuestionamientos sobre su coherencia como aliado occidental57. Además, el apoyo expresado por grupos terroristas como Hamás o los hutíes a determinadas decisiones del gobierno español ha sido utilizado por sectores israelíes como argumento para desacreditar la política exterior de Madrid58.

