Pedro, soy Keir Starmer. Mira lo que te digo: ¡qué a gusto se queda uno dimitiendo!
El primer ministro británico (no) escribe un mensaje a Pedro Sánchez después de haber dicho adiós a Downing Street

Sánchez junto a Starmer en la última cumbre europea de seguridad.
Pedro, colega, ya sé que estás en momentos de tribulación. Por si te ayuda, te comparto mi sensación desde este pasado lunes: ¡qué liberación! ¡Qué gusto contar con un sistema democrático en el que a los primeros ministros nos elige el parlamento y tener un partido con alternativas para sustituir a los líderes cuando el sentido común, la dignidad política y la coherencia así lo exigen! ¡Qué maravilla, dimitir de la presidencia del Gobierno y de la secretaría general del partido y que no pase nada!
Ya sé que las cosas no son tan sencillas, ni las situaciones son exactamente comparables. Yo, por ejemplo, gané las elecciones en 2024 con una mayoría muy amplia después de 14 años de Gobiernos conservadores, y tú perdiste tus elecciones de 2023. A mí me fue mal en unas municipales hace mes y medio, y eso ha sido determinante en mi decisión de dimitir, y tú has sido derrotado en cuatro comicios regionales en los últimos seis meses, pero bueno, tampoco nos vamos a poner quisquillosos. Y tienes la habilidad —hasta ahora— de ir tirando, mal que bien, con los socios que te permitieron gobernar después de la derrota de 2023.
Mientras puedas impedir que vote el Congreso y que vote el país, tranquilo. Bueno, no te tranquilices mucho, que luego mira lo que pasa. Claro que tú tienes un partido que, aunque menguante, mantiene prietas las filas. Yo, en cambio, tengo el típico partido socialdemócrata y es una lata, oye, lo de la libertad. Estos dos años hemos tenido polémicas y divisiones internas, aunque lo peor fue que, después de haber prometido el cambio y la regeneración contra la corrupción, a los seis meses de llegar al Gobierno se supo que yo había aceptado regalos de donantes —ropa, invitaciones a conciertos, alguna cosita más— y a la gente no le gustó. Y eso que los regalos fueron declarados según las normas del parlamento.
He oído que tienes un amigo que fue presidente, Rodríguez Zapatero, del que dicen que tiene pequeños problemas similares: algunas joyas, algunas comisiones, algún rescate Plus Ultra… Y también sé que acaba de haber una sentencia por corrupción contra un antiguo hombre de confianza tuyo, y que tienes a tu mujer y a tu hermano apurados… Por eso te digo que te pienses lo de dimitir, como yo. No tengo a nadie de la familia con esos líos, ni nombré a ningún ministro ni secretario de Organización que luego haya sido condenado por corrupción, pero he sufrido el espíritu crítico de los parlamentarios laboristas, que no me deben su puesto a mí sino a sus circunscripciones, y que temían que les iba a ir mal en las próximas elecciones conmigo al frente. Se quejaban además de que no había suficiente debate interno y de que yo daba por hecho su apoyo incondicional. ¡Hasta me han acusado de que había una «cultura tóxica» en Downing Street!
Ya me dirás cómo haces tú para que no te pase eso en la Moncloa, para que nadie te rechiste en el grupo parlamentario y para que la extrema izquierda y los nacionalistas que te respaldan encuentren siempre motivo para la sumisión, para ir empujando las líneas rojas que dicen que no puedes sobrepasar. Ya me contarás cómo es posible que el ambientillo tóxico que debía de haber en el Peugeot —¿o era un Mercedes?— utilizado para tus primarias no te pase factura, cuando todos sus ocupantes están o van camino de ser condenados por formar una organización criminal que cometió graves delitos de corrupción. Por cierto, nunca quedó claro de dónde procedió el dinero para aquellas primarias, ¿no? Bueno, lo pasado, pasado.
Reconozco —no lo admiro, yo soy un laborista clásico— tu cabezonería, tu displicencia con respecto a la oposición y a la opinión pública y el hecho de que te resbalen las críticas. Claro que a mí nadie me ha escrito un Manual de resistencia con mi firma, y tengo una BBC que no me ha ayudado y una prensa que no pasa ni una. También es verdad que me quedan dignidad, decoro y vergüenza, y que mi país —ahora que cumplimos diez años de aquel desgraciado Brexit me doy más cuenta— me importa por encima de todas las cosas, pero nadie es perfecto.
Dimite, hombre, quédate tranquilo: deja que otros en tu partido intenten resolver los problemas, devolver la vida al parlamento, tender puentes con la oposición y recuperar la independencia de las instituciones. ¿No ves que cuanto más tiempo esperes va a ser peor? ¿Que los jueces te han cogido manía y que quedan muchos banquillos, y quizá más arrepentidos? ¿Que muchas ratas están haciendo el equipaje? Y total, ¿para qué? Si ya sabes lo que es estar en el Gobierno. Otra cosa sería gobernar, que es mucho más difícil.
Entiendo que te duela dejar de ser el faro moral de la democracia europea frente a ese bruto de Trump, pero no te preocupes: la astuta Giorgia Meloni está haciendo mejor papel que tú en este campo. Entiendo que te fastidie abandonar el lado correcto de la historia y que todo lo que has hecho por la humanidad no te lo reconozcan ni dentro ni fuera de casa, pero nadie dijo que esto del poder fuera agradecido. Entiendo también que creas que tu papel de regeneración queda inconcluso, pero tampoco es que hayas tenido grandes éxitos desde 2018, como prueban banquillos y sentencias.
Piensa en cambio en todo el bien que harás a tu partido y a tu país si te apartas de esa pesada tarea, y la rabia que les va a dar a esos jueces, periodistas, policías y guardias civiles empeñados en hacerte la vida imposible (ojo, que lo mismo te tienen alguna guardada). Y piensa, sobre todo, en lo tranquilo que te vas a quedar: la mandíbula se distiende, el rostro se relaja, el músculo duerme y la ambición descansa.
Tendrás más tiempo para ti y para ayudar a la familia a superar los próximos malos tragos, si los hay, y para grabar vídeos de TikTok, que me han dicho que lo bordas. Y podrás salir tranquilamente a la calle e ir al cine, como yo pienso hacer ahora, mientras tu país se va recuperando de ti. Avísame y quedamos.
With all my love, Keir.
