The Objective
Literatura

La 'Escala menor' de Mario Alonso

«Alonso consigue que el destino de sus personajes nos importe, y eso no es algo que haya que dar por sentado»

La ‘Escala menor’ de Mario Alonso

El libro 'Escala menor'.

El caso literario que encarna el economista, abogado y empresario Mario Alonso (Badajoz, 1960) era ya bastante singular, pero hace dos o tres libros que empieza a ser más bien excepcional. Ya ha habido algunos que hemos intentado desvelar el relativo secreto que hay sobre su obra, y lo cierto es que la novela que acaba de publicar, Escala menor, nos da buena munición a quienes insistimos en que muy probablemente Alonso fue uno de esos casos de hombre de éxito en otros ámbitos que, llegado cierto momento, se lanzó también a escribir cuentos, convirtiéndose en eso tan difuso como fácil de reconocer que es un «escritor aficionado», pero que libro a libro, novela a novela, perseverando en su «mundo» y probando nuevas opciones…, es alguien que merece ser tomado muy en serio.

El primer aviso llamativo que recibimos fue su novela No esperes que el tigre se vuelva vegetariano, que bajo su discutible título protegía una narración sobre la indigencia, los sintecho, un tema curiosamente poco abordado por la narrativa española. Ese libro estaba lleno de gracia y de bondad, y sobre todo nos traía el primer ejemplo claro de la magnífica capacidad que tiene el autor para la construcción de personajes. No se sabe muy bien cómo lo hace, pero con apenas dos trazos, dos intervenciones, dos detalles, sus criaturas toman cuerpo y se presentan ante nosotros con todas sus aristas, sus esquinas, sus incoherencias, sus virtudes y sus debilidades.

Han venido después otras novelas, exactamente tres, una cada año y medio más o menos, nunca más de dos, y es ahora cuando esta virtud que comento del dibujo de personajes ha alcanzado su más clara y más hermosa cima. Por razones que no vienen al caso, yo he leído tres veces la nueva novela de Alonso, y puedo prometer por todas las cosas que me importan que cada una de esas lecturas ha sido más grata para mí, y me ha convencido más, y me ha mecido con la preciosa y tímida amistad que se crea entre un pianista en principio huraño y su desorientado alumno, un hombre metido en una fenomenal crisis conyugal (no porque haya pasado algo, sino precisamente porque no les pasa nada).

La relación entre ellos es, claro, vertical, como la de Neruda y el cartero en la novela de Skármeta, o en general como cualquier diálogo en el que hay un maestro más o menos de vuelta de todo (sea esa experiencia real o no…) y un alumno sediento de ejemplos, de consejos, de ayuda. La primera parte de la novela, en la que se suceden los monólogos interiores de todas las mujeres aludidas (monólogos que acabarán siendo determinantes para la buena comprensión del asunto), se lee con placer, pero también, supongo, con cierta impaciencia, sin saber a dónde podrán conducir tantos hilos que se abren…, pero la crónica de esa amistad que comienza con unas clases de piano en un pueblo del Sur y acaba con una complicidad profunda entre ellos es deliciosa, divertida, tierna, misteriosa, finalmente ambigua y llena de sospechas.

La filosofía literaria de Mario Alonso es tener una historia que contar e ir al grano, no perderse, no distraer, no pararse en detalles injustificados o aburridos o capaces de distraer. Pero eso no excluye las pequeñas digresiones, cuando se saben pertinentes, y cuando en el fondo acaban siendo el meollo del asunto, el tema que ha impulsado la novela, exactamente el mensaje que se quería dejar caer.

Alonso consigue que el destino de sus personajes nos importe, y eso no es algo que haya que dar por sentado, en absoluto. A estos hombres tan en principio diferentes se les ve el corazón, se les ve las costuras y a nosotros no nos ocultan nada, ni siquiera cuando alguno de ellos se guarda muchos, muchísimos secretos.

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