Fernando Savater (78), filósofo español: «Darse la buena vida no es tener lujos, sino darse una vida humana. Y la vida humana es convivencia»
El reconocido ensayista reivindica una ética basada en la alegría, el amor propio y la convivencia

Fernando Savater y sus reflexiones sobre la buena vida y la felicidad | TO
La filosofía de Fernando Savater se aleja de la solemnidad y de la idea de que pensar obliga a vivir con seriedad o preocupación permanente. En sus libros, el escritor y columnista de THE OBJECTIVE invita a reflexionar para entender mejor la vida, para así poder disfrutarla más y afrontarla con mayor libertad.
Su propuesta gira en torno a una tesis central: que la buena vida no consiste en acumular bienes ni en sacrificarse inútilmente, sino en aumentar nuestra capacidad de actuar, disfrutar, comprender y convivir. En ese punto, la influencia del filósofo neerlandés Baruch Spinoza en Savater es decisiva. Ambos coinciden en que la virtud no se opone a la alegría, sino que se expresa en ella.
Savater propone una actitud serena ante la vida: no recomienda negar el dolor, sino no concederle la última palabra
Hoy, además, muchas de estas intuiciones encuentran eco en la ciencia, pues numerosos estudios han demostrado que la alegría, lejos de ser trivial o frívola, puede convertirse en una excelente herramienta para mejorar la salud mental.
La alegría como resistencia ética
En sus colaboraciones con la Revista de Occidente y otros ensayos académicos, Fernando Savater, de 78 años, desarrolla la idea de que vivir bien es una forma de «resistencia» jubilosa. Se apoya fuertemente en Spinoza, para quien la virtud es el aumento de nuestra capacidad de actuar y sentir alegría.
«La alegría es el ‘sí’ que se da a la vida a pesar de todo lo que en ella hay de negativo, de doloroso, de mortal. La ética es la práctica de la alegría en un mundo donde abundan los motivos para la tristeza»
La tesis central es clara: la ética es un «ejercicio de alegría» frente a la muerte y el dolor. No se trata de ingenuidad ni de negar las tragedias humanas, sino de afirmar que la existencia merece ser celebrada incluso en medio de sus límites.
«Para ser filósofo no solo me falta talento, sino que me sobra guasa antisolemne o, si se prefiere, alegría escéptica […]. La jovialidad hace que uno se lo pase divinamente, pero quizá cierra el camino para la más alta filosofía», escribe Savater, que convierte el humor en una forma de lucidez. La solemnidad excesiva, para el ensayista, suele esconder rigidez mental; la risa, en cambio, introduce distancia crítica y humanidad.

Además, la ciencia apoya la forma de entender la vida de Savater. Esta ha demostrado que las emociones positivas amplían nuestra capacidad cognitiva y fortalecen recursos personales a largo plazo. En concreto, los investigadores Barbara Fredrickson y Michelle Tugade comprobaron que emociones como la alegría favorecían la resiliencia y la flexibilidad mental tras haber tenido experiencias difíciles.
«La mayor recompensa de la virtud es la propia vida buena; el peor castigo del vicio es la propia vida mala, esa que nos disminuye, nos amarga y nos vuelve extraños a nosotros mismos»
Asimismo, una revisión sobre bienestar psicológico y mortalidad concluyó que los estados positivos se asocian con mejores probabilidades de supervivencia y salud general. Esto refuerza la intuición de Savater, para quien la alegría no es evasión, sino potencia vital.
«La alegría es el ‘sí’ que se da a la vida a pesar de todo lo que en ella hay de negativo, de doloroso, de mortal. La ética es la práctica de la alegría en un mundo donde abundan los motivos para la tristeza […]. La virtud no es el pago de la felicidad, sino la felicidad misma. No nos alegramos porque hayamos reprimido nuestros deseos, sino que, porque nos alegramos, podemos moderar nuestras pasiones», escribe Savater al respecto.
Para Savater, la buena vida necesita a los otros y también cierto humor
Aunque Savater defiende el amor propio, jamás lo entiende como aislamiento. Para el filósofo, no puede haber una buena vida si esta se alcanza en soledad, pues somos seres sociales: «Darse la buena vida no es darse una vida de lujos, sino darse una vida humana. Y la vida humana es convivencia. No podemos vivir bien si no somos capaces de reconocer en los otros esa misma humanidad que amamos en nosotros».
«Quien no desea ser excelente ni perfecto, quien cree que no se merece tanto o no se atreve a proponerse tanto, es que desde luego no se ama lo suficiente a sí mismo»
Savater recuerda así que la buena vida depende también de cómo vivimos y de las decisiones que tomamos: «La mayor recompensa de la virtud es la propia vida buena; el peor castigo del vicio es la propia vida mala, esa que nos disminuye, nos amarga y nos vuelve extraños a nosotros mismos». Y la evidencia científica también apunta en esa dirección: numerosos estudios señalan que las relaciones sociales sólidas son uno de los predictores más robustos de felicidad y salud mental. Las emociones positivas, además, fortalecen vínculos y cooperación.

Fernando Savater reivindica además la «guasa antisolemne» como parte de la buena vida. Y no es casualidad: la ciencia ha estudiado el humor como estrategia psicológica eficaz. Un metaanálisis internacional de 85 estudios halló que el humor afiliativo (el que sirve para conectar con los demás, crear buen ambiente y fortalecer relaciones) y el humor autoafirmativo (el que una persona usa para mantener el ánimo y relativizar problemas) se relacionan positivamente con un mayor bienestar, mientras que el humor agresivo o autodestructivo se asocia con peores indicadores psicológicos.
Otra revisión concluyó que las terapias basadas en la risa y el humor pueden reducir depresión, ansiedad y mejorar el sueño en adultos. Savater parece adelantarse a estos hallazgos: no cualquier risa mejora la vida, pero el humor noble, inteligente y compartido sí puede hacerlo.
«Ética como amor propio»: la excelencia individual
Uno de los planteamientos más provocadores de Savater aparece en Ética como amor propio, un libro en el que rompe con la idea de que ser bueno equivale a ser abnegado o sacrificado. La tesis sostiene que el fundamento de toda moral es el interés propio bien entendido. Quien no se aprecia a sí mismo ni aspira a mejorar, difícilmente podrá ofrecer algo valioso a los demás.
«El amor propio no es el repliegue egoísta sobre el propio interés inmediato, sino el proyecto de excelencia del sujeto»
«No hay otro motivo ético que la búsqueda y defensa de lo que nos es más provechoso, de lo que más nos conviene; toda ética es rigurosamente autoafirmativa… Quien no desea ser excelente ni perfecto, quien cree que no se merece tanto o no se atreve a proponerse tanto, es que desde luego no se ama lo suficiente a sí mismo», escribe Savater, quien no defiende el egoísmo mezquino, sino la autoestima exigente, esto es, querer potenciar lo mejor de uno mismo.
«Darse la buena vida no es darse una vida de lujos, sino darse una vida humana. Y la vida humana es convivencia. No podemos vivir bien si no somos capaces de reconocer en los otros esa misma humanidad que amamos en nosotros»
Al respecto, la ciencia ha demostrado que la autoestima saludable, el sentido de propósito y el crecimiento personal son dimensiones centrales del florecimiento humano, tal y como señala la investigación publicada en Nature Human Behaviour. Todo ello conecta con Savater, para quien la ética no reprime la excelencia, sino que la organiza.
«El amor propio no es el repliegue egoísta sobre el propio interés inmediato, sino el proyecto de excelencia del sujeto. Ética es el conjunto de requisitos que el sujeto se impone a sí mismo para sentirse satisfecho de su propia condición humana. […] Ser libre no es simplemente poder elegir entre esto o aquello, sino ser capaz de querer lo que uno elige de tal modo que esa elección nos haga más dueños de nosotros mismos, más excelentes», escribe el filósofo.
La obra de Fernando Savater conserva vigencia porque devuelve la ética al terreno real de la vida cotidiana. Nos enseña que vivir bien no es obedecer normas abstractas ni renunciar siempre a uno mismo, sino afirmarse con inteligencia, humor y generosidad. Además, muchas de sus intuiciones filosóficas encuentran hoy respaldo empírico, como que la alegría fortalece la resiliencia, que el humor saludable mejora el bienestar, que el propósito personal favorece la salud mental y que los vínculos humanos sostienen una existencia plena.
Savater, en el fondo, propone una actitud serena ante la vida: no recomienda negar el dolor, sino no concederle la última palabra. Frente al miedo, el fanatismo o la tristeza estéril, su filosofía sigue invitándonos a lo más difícil y necesario: decir sí a la vida, y si es con alegría, mejor.
