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Dr. García Borreguero, experto en sueño: «La melatonina no es patentable»

El especialista cuestiona la utilidad de la melatonina y alerta de que su eficacia no está demostrada

La melatonina se ha convertido en uno de los productos más buscados por quienes quieren dormir mejor, pero su popularidad no siempre va acompañada de evidencia científica. El doctor García Borreguero, neurólogo y psiquiatra especializado en patología del sueño y con más de 20 años de experiencia, cuestiona la utilidad real de un producto cuya eficacia, sostiene, «no está demostrada».

El reloj biológico, bajo presión

Dormir mal se ha normalizado en una sociedad cada vez más sometida a pantallas, horarios cambiantes y luz artificial. Para García Borreguero, ese es el verdadero problema de fondo: «vivimos en una sociedad de 24 horas». El cerebro recibe señales confusas sobre cuándo debe activarse y cuándo debe descansar. Esto acaba alterando el sueño.

El especialista insiste en que el cuerpo necesita referencias claras para funcionar con normalidad. «La exposición a la luz externa es fundamental», recuerda, porque el reloj biológico depende de esa señal para sincronizarse con el día y la noche.

Cuando ese mecanismo se altera, «todo esto debilita la memoria de ese reloj», y el resultado es dormir peor, conciliar peor el sueño y despertarse con menos energía.

A esa confusión se suma un fenómeno cada vez más extendido: el jet lag social. Cambiar drásticamente los horarios de sueño entre semana y fin de semana —acostarse a las once de lunes a jueves y a las cuatro el sábado— equivale, según el experto, a «irse a Nueva York y volver cada siete días».

El reloj interno no diferencia si el desfase viene de un viaje en avión o de una noche de fiesta; simplemente interpreta cualquier cambio brusco como una desorganización que lo desajusta.

La eficacia de la melatonina

En ese contexto, la melatonina ha ganado terreno como una solución rápida frente al insomnio. Pero García Borreguero pide prudencia. «La melatonina no es patentable» y «no ha seguido los mismos mecanismos regulatorios que un fármaco», señala.
Esa diferencia, en su opinión, explica parte de la confusión que rodea a su uso y a su presunta eficacia.

«No hay pruebas de que sea dañina, pero tampoco hay pruebas de que sea útil». Insiste en que el debate sobre este suplemento se ha instalado muchas veces en el terreno de la costumbre, no en el de la evidencia.

«Su eficacia no está demostrada», reafirma, sobre todo si se espera que resuelva por sí sola un problema que suele estar relacionado con hábitos de sueño desordenados, exposición nocturna a pantallas y falta de regularidad.

La advertencia conecta con una idea que atraviesa toda la entrevista: «dormir mal suele ser el primer síntoma» de que algo no funciona bien. La falta de descanso no solo provoca cansancio, sino que también afecta al estado de ánimo, a la concentración y, a medio plazo, a la salud general.

Más allá de una pastilla

Por eso, insiste en que la prioridad no debe ser buscar un atajo químico, sino reconstruir las condiciones que permiten dormir de forma natural. A ello suma una crítica más amplia a los hábitos contemporáneos. La costumbre de alargar el día hasta el límite, revisar el móvil en la cama o mantener una actividad mental intensa hasta el último minuto contribuye, según explica, a debilitar la señal de sueño.

El valor del descanso

El cerebro necesita una transición clara entre la vigilia y el descanso, y ese margen se está reduciendo en una sociedad que ya no distingue bien entre la hora de trabajar, de desconectar o de irse a dormir.

En ese sentido, el experto insiste en que la melatonina puede tener un papel puntual en casos concretos, pero no sustituye una buena higiene del sueño ni corrige un estilo de vida que empuja al organismo a descansar peor.

Su mensaje, en el fondo, es una llamada a recuperar hábitos básicos en medio de una cultura que busca soluciones inmediatas para problemas cada vez más complejos.

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