El nuevo visor térmico europeo que deja fuera de juego a los americanos
La industria europea está encontrando soluciones que hasta ahora solo podía encontrar fuera de sus fronteras

Soldados equipados con sistemas de visión nocturna de la francesa Safran. | Safran
A Osama Bin Laden le dieron matarile a oscuras. Nicolás Maduro tuvo más suerte y vivió para contarlo tras su detención. Ambos cayeron gracias a un arma discreta, que no dispara nada, y que funciona con pilas como las de una radio: el visor nocturno. Una empresa francesa le ha dado una vuelta de tuerca y ha creado algo casi mejor… y made in Europe.
La noche es nuestra. Con este nombre de película, podrían dirigirse los usuarios de los aproximadamente 25.000 sistemas de visión nocturna de grado militar que se calcula hay en servicio en todo el mundo. Con ellos, aunque el sol se haya marchado, siguen viendo —relativamente— como si fuera de día, y las operaciones más especiales se ejecutan al amparo de la oscuridad imperante.
Si por la noche todos los gatos son pardos, con estos inventos los malos se iluminan en plena oscuridad. Todo aquel que no disponga de sistemas así se convierte de forma automática en pato de feria. Pero no todo es perfecto para los visores nocturnos.

Un operativo podría estar tumbado entre unos matorrales, inmóvil, con el uniforme del color exacto de la tierra que pisa. Para unas gafas de visión nocturna corrientes, ese hombre sencillamente no está. Pero su cuerpo, aunque él no quiera, sigue irradiando calor. Y ese calor delata su presencia en silencio.
El plan no es solo ver lo que se puede ver con la poca luz existente, sino también poder olfatear la luz, un segundo espectro. El aparato que aspira a encontrar a ese soldado con un uso dual se llama eTAD y lo presentó la francesa Safran en Eurosatory, la gran feria de la defensa europea.
Mejorar lo bueno
Se trata de un pequeño módulo térmico que se acopla a unas gafas nocturnas ya existentes y superpone sobre su imagen el contorno de cualquier fuente de calor. Pueden ser personas, vehículos en funcionamiento o motores recién apagados. No sustituye nada, sino que mejora lo que el soldado ya lleva enganchado sobre su casco.
La idea tampoco es nueva en su raíz. Fundir visión nocturna e imagen térmica se hace desde hace años, y la propia Safran ya vendía algo parecido. Lo verdaderamente singular del eTAD es la capa digital que añade encima: brújula, navegación avanzada, símbolos de realidad aumentada y, sobre todo, conexión con los sistemas de mando y control.

Ahora es un sistema de comunicaciones con capacidades muy superiores. En la práctica, sobre el terreno observado pueden aparecer rumbos, puntos de paso, posiciones de las unidades amigas u objetivos designados por el jefe de pelotón. No se trata solo de mirar, sino de dominar el entorno y remitir información a los mandos.
Las generaciones previas de Safran ofrecían varios modos. Se podía seleccionar entre visión térmica completa, patrulla y un modo contorno que solo dibuja el borde caliente sin tapar el paisaje. Sin dar demasiadas explicaciones, todo apunta a que el nuevo aparato hereda y amplía esa filosofía. La compañía aún no ha publicado una ficha técnica completa del modelo, pero todo hace pensar que estas funcionalidades estarán incluidas.
Solución de problemas
A nivel operativo, la gracia reside en delatar lo que la luz no muestra. Un tirador inmóvil en una zona oscura, un motor aún tibio, un cuerpo entre la vegetación: todo eso genera una firma térmica que el ojo intensificado pasaría por alto. No ve a través de las paredes, conviene aclararlo, ni distingue siempre a un amigo de un enemigo. La lluvia intensa, el calor ambiente o una ocultación gruesa degradan su rendimiento. Detectar calor no es lo mismo que identificarlo.
Cuando los dos bandos entran en contacto de noche, la ventaja deja de estar en tener gafas, y pasa a estar en combinar sensores y detectar antes que el otro. A la vez crece el combate colaborativo, donde cada soldado funciona como un sensor conectado que señala lo que ve y recibe lo que ven otros.
‘Made in Europe’
El conflicto ucraniano ha disparado el gasto militar, y el rearme regional resulta imparable. Y aquí entra el argumento que Safran repite como un mantra: el eTAD es europeo y no está sometido a las normas ITAR estadounidenses. Esas regulaciones controlan la exportación, modificación e integración de buena parte del material militar norteamericano.
De esta manera, un país que compra elementos de fabricación estadounidense puede necesitar permiso de Washington para reexportarlos, retocarlos o conectarlos a sus propias radios. Un equipo libre de ITAR se mantiene, actualiza e integra sin pedir audiencia al otro lado del Atlántico.
Safran asegura mantener bajo su control toda la cadena optrónica y ser capaz de fabricar más de 500 de estos dispositivos al mes, más de 6.000 al año si sostiene el ritmo. Y parte de una base de clientes nada desdeñable: más de 25.000 dispositivos térmicos de generaciones anteriores podrían recibir el eTAD.
No es para todos
¿Quién lo llevará? Casi nunca toda la tropa. El precio, el peso delante del casco, las baterías, la formación y el riesgo de saturar al soldado con información hacen que estos equipos se reserven primero a quienes más los rentabilizan. Esos son los jefes de escuadra, exploradores, tiradores selectos, fuerzas especiales, observadores avanzados, equipos anticarro y operadores de drones. En equipos inferiores a diez soldados, basta al principio con que dos o tres vean en térmico mientras el resto usa gafas normales.
La competencia, además, ya corre. El rival más directo es el IRIS-C de la grecochipriota Theon, un sistema parecido que en septiembre de 2025 fue elegido por Alemania y Bélgica. El británico ClipIR XD-E de Thermoteknix, capaz de detectar a una persona a varios cientos de metros, lleva en servicio desde 2022 con tropas del Reino Unido.
La Bundeswehr alemana está recibiendo decenas de miles de gafas binoculares MIKRON, fabricadas por Theon junto a Hensoldt, y se calcula que entre alemanes y belgas sumarán unos 178.000 equipos de visión nocturna antes de 2030. La jugada consiste en equipar primero al soldado con visión nocturna masiva y añadir después la fusión térmica.
En España, las Fuerzas Armadas combinan gafas monoculares y binoculares, visores nocturnos acoplables, cámaras térmicas de observación y miras para el armamento dentro del programa Combatiente a Pie. De momento no está planteada en firme una adquisición como esta, o no al menos de forma masiva. Lo lógico es que solo ciertas unidades especiales dispongan de lo más avanzado.
Lo americano es bueno, pero no siempre la mejor opción
Frente a todo esto, lo americano, que durante años fue la referencia indiscutible, empieza a quedar a contrapié. El ENVG-B de L3Harris, con más de 6.000 unidades entregadas al Ejército estadounidense, es tecnológicamente más ambicioso: unas gafas binoculares completas con visión térmica, fósforo blanco y realidad aumentada integrados, capaz incluso de transmitir al ojo la imagen de la mira del fusil. Pero es un producto más caro, más pesado y obliga a tirar las gafas viejas en lugar de mejorarlas.
El precio ayuda a entender la jugada. Un clip-on térmico básico ronda los 6.000 euros; uno con realidad aumentada y conectividad puede moverse, según el modelo, entre los 8.000 y los 10.000; unas gafas fusionadas completas como el ENVG-B estadounidense se van con facilidad por encima de los 15.000 y pueden llegar hasta los 25.000 euros.
El precio del eTAD, todavía sin anunciar, se jugará en esa franja intermedia que tan bien encaja en los presupuestos europeos. Pero habrá política de por medio: Europa lleva años queriendo soltarse de la mano americana, y este aparato es uno de esos pasos pequeños que, sumados, cambian el rumbo. Si el viejo continente aprende a fabricar su propia ventaja en las sombras, la frase ya no será «la noche es nuestra», sino también nuestra la tecnología que la gobierna.
