La cocina de Víctor Manuel y su hija Marina: «Los domingos son sagrados; comemos pote asturiano, fabada y arroz con leche»
La actriz participó en ‘MasterChef celebrity’ y el cantante tiene su propio libro de recetas con las que recorre su vida

Víctor Manuel y su hija Marina. | Gtres
Víctor Manuel es un gran cocinero. Es más, hace tiempo, publicó su propio libro enfocado en el mundo de la gastronomía. Una pasión que no ha contagiado a su mujer, Ana Belén, quien tiene cierta alergia a los fogones, pero parece ser que sí que ha cautivado a su hija, Marina. Algo que la joven ya demostró, hace unos años, cuando se presentó a MasterChef celebrity. A partir de ese momento, ella misma comenzó a practicar en su casa y, sobre todo, innovar y encontrar nuevos sabores. Pero ¿qué comparten Víctor Manuel y su hija en la cocina?
«Cuando Ana y yo comenzamos a convivir en 1972, nuestra cocina era un lugar de paso. Tan solo sopas de sobre o pasta y lo más socorrido… Nos fuimos sofisticando con los años porque aprendimos a comer, comiendo», ha contado en alguna ocasión. En ese momento, él vivía, a unos 50 kilómetros del mar, «y allí no se comía pulpo, ni mejillones… no existían. Pensaba que en todo el mundo se comía fabada, pote asturiano y arroz con leche. Esa era mi cocina y de ahí no salía». Es más, el cantante afirma que ninguno de sus amigos se acercan a la cocina. «Ni Miguel [Ríos], ni Joan Manuel [Serrat], ni Ana cocinan. Han hecho un pacto con el diablo… Yo no sé planchar ni coser, pero la compra y la comida la hago yo», contó.
La pasión compartida de Víctor Manuel y su hija Marina por la cocina

Así, Marina es la que «más interés tiene». «Con ella puedo hablar de platos, de restaurantes y de ingredientes. A diferencia de su madre, ella sí disfruta del proceso de cocinar y, sobre todo, de comer bien», ha contado. Para el cantante, cocinar para sus hijos es «una de las cosas más gratificantes que hay». «Marina viene mucho a casa y siempre hay algo preparado. Me gusta que me pida platos específicos, porque eso significa que hay una memoria del sabor que hemos construido juntos». Es más, a la actriz le gusta «el cuchareo y los sabores de verdad». No tiene esa disciplina casi espartana que tiene Ana. «Con Marina me puedo ir a comer un buen arroz o un guiso y disfrutarlo los dos por igual», ha apostillado.
Una de sus mayores costumbres es la de hacer mermeladas para «todos». Es su hija quien se lleva «botes de mermelada de moras o de grosella» que hace él mismo. «Es una forma de estar presente en sus desayunos, aunque no estemos juntos», ha relatado. Sobre este tema, la propia Marina ha desvelado que su padre es «un cocinero maravilloso». «Los domingos en su casa son sagrados por lo que se come. He intentado aprender de él, pero él tiene esa intuición de ‘echarle un ojo’ a la olla y que todo salga perfecto», relató hace un tiempo.
«Con Marina me puedo ir a comer un buen arroz o un guiso y disfrutarlo los dos por igual»

Lo cierto es que Víctor Manuel y su hija mantienen una buenísima relación. Marina ha confesado que su padre es su referente absoluto en los fogones. Ella es la que se queda con él en la cocina mientras Ana Belén prefiere esperar fuera. Víctor disfruta preparando platos que sabe que a ella le encantan. Es su forma de mimar a su hija a través de los sabores de su infancia en Asturias. Marina San José decidió ser actriz —como su madre— y cantante —como su padre—, pero siempre tuvo claro que quería ganarse su sitio por sí misma. Al principio de su carrera, Marina evitaba usar el apellido de sus padres para que no la acusaran de nepotismo. Su padre siempre respetó esa distancia, apoyándola desde la sombra pero dejándola que se curtiera en el teatro.
Con el tiempo, esa conexión ha evolucionado. Ahora no tienen problema en trabajar juntos o mostrarse en público, porque el talento de Marina ha quedado más que demostrado en series como Amar en tiempos revueltos o en sus múltiples obras de teatro. Víctor Manuel suele ser visto como un hombre serio e introvertido, pero con su hija esa barrera desaparece. Ambos comparten un sentido del humor muy irónico. Marina ha dicho que su padre es mucho más divertido de lo que la gente cree y que se ríen mucho de las manías de la familia —incluyendo la disciplina militar de Ana Belén—.
Víctor Manuel sacó su propio libro de recetas

Víctor Manuel es un apasionado de la cocina, como decíamos, y no es un pasatiempos. Para Víctor, la cocina no empieza en el fogón, sino en la calle. Es un defensor a ultranza del producto de proximidad. Le encanta bajar al mercado, hablar con los carniceros y pescaderos, y elegir la materia prima. Aunque viaja por todo el mundo, su corazón culinario late en Asturias. Su pasión se basa en el guiso lento. Cocina para recuperar los olores de su infancia en Mieres. Para él, cocinar un guiso es una forma de mantener vivos a sus antepasados. Víctor ha confesado que la cocina es el único lugar donde no es el artista, sino el proveedor. Mientras pica cebolla o limpia un pescado, no piensa en giras ni en derechos de autor. Es un trabajo manual que le relaja y le quita el estrés de la industria musical.
Además, como ha demostrado en todos estos años, le apasiona cocinar para otros. Sus cenas en casa con amigos como Serrat o Miguel Ríos son legendarias, no por el lujo, sino por la autenticidad de lo que sirve. Su pasión brilla más por el contraste con su mujer. Él mismo bromea diciendo que, si fuera por Ana, la cocina sería un desierto. Su pasión es tan real que en 2019 publicó un libro que no es de recetas al uso, sino una biografía gastronómica. En él, recorre su vida a través de los platos que ha comido y cocinado. Es un homenaje a la cocina popular y a la importancia de sentarse a la mesa.
Marina participó en ‘MasterChef’

Esta pasión también es algo que heredó Marina. A diferencia de su hermano David, que se mantuvo más al margen de los fogones, Marina creció pegada a la encimera mientras su padre cocinaba. Ella misma ha contado que, desde pequeña, su curiosidad la llevaba a preguntar por los tiempos de cocción, las especias y el origen de los productos. Le apasionan los platos de cuchara, los potajes y las recetas asturianas que su padre ha perfeccionado. Para una actriz, cuya profesión depende de la mirada de los demás y del juicio constante, la cocina le ofrece a Marina un control absoluto y solitario.
Cuando Víctor Manuel escribió El gusto es mío, Marina fue una de sus grandes inspiradoras y lectoras críticas. En el libro, Víctor dedica pasajes a hablar de lo que le gusta cocinarle a ella. Esa conexión a través de los botes de mermelada casera o de los arroces de domingo es el núcleo de su relación padre-hija. No hay que olvidar que, aunque duró poco tiempo, también pasó por los fogones de MasterChef.
